juanitorisuelorente -

miércoles, 1 de agosto de 2012

JAN (Mini relato)


Había quedado con Jan a las doce. Fue puntual a pesar de que mi chalet está algo aislado y tiene difícil acceso por varios kilómetros de carril pedregoso hasta este alto en una sierra al sur de Jaén.
Jan es un chico de veinte años
que conocí en la feria del libro. Le firmé mi última novela y él me relató la pasión que sentía por mi escritura.
Yo andaba entonces a la búsqueda de sensaciones nuevas, de un libro de relatos de lo que siempre me había apasionado: la serie negra. Me apasionaba ese mundo de crímenes, me apasionaba el perfil de esos asesinos que no siempre eran descubiertos, su obsesión por el crimen frío y calculador.
Hablamos mucho, quedamos para tomar café, y no sé el porqué le ofrecí ser el protagonista absoluto de uno de esos relatos, incluso que fuese él quién decidiera el desenlace de tres supuestos finales que le tendría preparados, y todo ello bajo secreto absoluto.
Jan entró algo impresionado. Lo pasé al jardín. Allí sobre una mesa estaban unas hojas grapadas con mi relato y un refresco. Le invité a sentarse. Han sonreía sin dejar de darme las gracias.
     -        ¿Y incluso va a respetar mi nombre? – no cabía en sí de gozo
     -        Claro, claro
     -        Y bien ¿qué tengo que hacer?
     -        Es muy fácil, sólo tienes que decidir tu asesinato –dije con la frialdad de un  
              maníaco, luego solté una carcajada- el del relato, hombre, no tiembles
Jan me miraba ahora sin pestañear. Me puse serio.
-          Tengo tres finales como te dije: morirás por una bebida con veneno que hay sobre la mesa, o de un disparo en la frente de una pistola como esta –le mostré una pequeña pistola que guardaba en el bolsillo-, o de una cuchillada en la espalda de un enorme cuchillo de cocina –y le señalé un cuchillo clavado entre los tallos de una maceta-
Me escuchó atónito, pero al mismo tiempo encantado. Le deslicé el relato, y dije:
-          Lee, lee el relato, sólo le falta el final, el que tú decidas
Jan seguía algo nervioso, las hojas le temblaban en las manos, balbuceaba al empezar a leer: “Había quedado con Han a las doce. Fue puntual a pesar de que mi chalet está algo aislado y tiene difícil acceso por varios kilómetros…”

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