juanitorisuelorente -

sábado, 21 de enero de 2017

ARDO...

(Imagen de la red)

















Ardo

por donde pasa mi alma.

En mi adentro, mi afuera,

en tus olores, tus dolores,

la sangre que me das

apagándose, por algún beso

que se derrama

si llueve...y tú,


tal vez.

jueves, 19 de enero de 2017

POETAS

(Imagen de la red)


















Los poetas (me cuento) somos una gran familia 

en la que todos somo hijos únicos. Para cada 

uno todo el cariño, para cada uno toda 

herencia, ser de los dioses.

La humildad vuela bajo y suele llevar en sus 

alas: No soy poeta, soy aprendiz, escribo por 

afición, cualquiera lo hace mejor que yo, como 

común modo de auto flagelarse dulcemente.

Los poetas somos una gran familia en la que 

casi todos tenemos un libro en la mano, pero 

solo para su venta, aunque hagamos poses 

receptivas. En la afinidad está la excepción o el 

intercambio, raras veces en la calidad del 

escrito, ya que para eso está el nuestro.

Una gran familia de buena gente, buenos 

amigos, que se reúnen, recitan, hacen 

(hacemos) de la poesía un latir de corazones 

que van esculpiendo su historia por los 

caminos del mundo.

Familia sin raíces en la propia familia, como 

árboles de un paisaje sobre el mar, como hojas 

que van cayendo y crujen al ser cubiertas por 

otras hojas.

Todos de otoño, y sobre nubes con cara de Dios.

Familia donde perderse, o escalar en la cima 

del deseo, todo lo que consiga no arrancarnos 

los ojos, que el infinito tenga el privilegio de 

leernos para entrar en nuestro propio reino de 

la inmortalidad.



martes, 17 de enero de 2017

DE LA NOCHE

(Imagen de la red)













Contra el dolor vendrá

una luz de pueblo de otro mundo.

Alta en el aire, con pasajes

de olvido. Ahora vacía,

y pronto con la concreta soledad

que irá acomodándose

a su sombra, desatadas ya

las maneras de tenernos,

y el equilibrio

más ciego,

otra vez.


lunes, 16 de enero de 2017

NIEBLA

(Imagen de la red)

















Es difícil saber, bajo los puentes,

lo abrupto de las cosas más sencillas,

por no saber vivir las maravillas

que traerían consigo lo que sientes.



Sé que no quedan sueños inocentes,

su siempre apenas roza las orillas,

no salgas del destino de puntillas,

del infinito azul de los torrentes.



Una fuerza invisible a ti me empuja,

a las noches eternas a que avoca,

se para el corazón, el mundo entero,



si el alma hasta en lo nimio te dibuja,

mi sangre nada mares de tu boca,


tú nunca entenderás lo que te quiero (Verso de 
Lorca)

jueves, 12 de enero de 2017

ROMANCE A TI

(Imagen de la red)


















Verde es rey de tus colores,

vistes corazón de invierno,

y del brillo de la vida

hay solo un leve destello,

te mataron la inocencia

con vil tinte navajero,

dejaron a la intemperie

hasta el menor de tus sueños,

donde el mar los abandona

al abrigo de los vientos,

y en ese infinito azul

soledad es todo puerto

porque el mundo ya es ceniza

de las puertas para adentro.

Lo que sigue ya es historia

y en sí misma lo de menos,

si el futuro es el presente

y el presente los recuerdos,

un sentimiento inmutable

que camina en los espejos.

Comenzar a descubrir

un mosaico de otros versos

fue un abrazo sin olvido

y la lluvia en el desierto,

como quién roza la luna

sin caberle otro te quiero.

Y al oficio de estar vivos

te desnudas en silencio,

los amigos, la familia,

con el fondo en blanco y negro,

con alguna rosa roja,

con la flor de algún almendro,

con otra alma despoblada

que te quiere sin remedio,

vuelve a dar vida a tus labios

y a encender la luz del tiempo.




miércoles, 11 de enero de 2017

MAÑANA...MAÑANA (Un relatillo)

(Imagen de la red)












Pepe deslizó la mano desde el hombro a los pechos de Lola, y los acarició con la grata sensación de no haberlos acariciado nunca. Era otra mujer y todo era nuevo para él, incluso sus ojos. A ellos dirigió los suyos para clavarlos y responder a la pregunta que acababa de hacerle, ¿qué sientes por mí?
  • Mi vida, estoy enamorado de ti...
Se besaron. Su primer beso. Y lo adornaron extendiendo su humedad a los rostros.
  • Te voy a hacer el amor como nunca te lo ha hecho el idiota de tu marido – bramó Pepe excitado como ya no recordaba
  • ¿Quién, el pichi-corto? - rió ella
Pepe se vino abajo.
  • ¡Lola, hija, ende luego....contigo solo pan y cebolla!
  • Jeje, no te enfades, me ha salido sin querer – seguía riendo sin poder controlarse
Pepe desespera.
  • ¿No quedamos que lo haríamos como si no nos conociéramos de nada?
  • Sí, pero hoy me duele la cabeza...mañana, cariño...si hay más días que ollas
Pepe ruge.
  • La madre que me parió...¡para un polvo que íbamos a echar en condiciones!
  • Mañana...mañana, tengo sueño, duérmete, anda
  • ¡Cualquier día tendré un lío con otra, ya verás! - susurró Pepe en un último intento
Lola se giró como un gato, y dijo muy seria:
  • Si lo haces te la corto...
Luego volvió a reír.
  • Ya, ya, tú hoy con la tijera...pichi-corto...te la corto...¿y con esas tetas que te llegan al ombligo, qué hacemos?
  • Vamos, tonto, duerme, verás como mañana te gustan
  • Mañana...mañana




EL AMOR

(Imagen de la red)


















Ya tengo otra. Y a ver qué culpa tengo yo. Habitualmente me callo. Me lo trago solo. Lo sufro en silencio. Más porque le conozco. No me gusta su prepotencia, su frialdad a veces. Ambos somos humanos. Ya sé que muy diferentes, aunque hayamos coincidido muchas veces. Y sabemos que cuando nos entendemos es maravilloso. Pero en esto no se puede, no, no se puede, y estoy ya hasta la arteria mayor. Cierto es que lo sobrellevo. Lo que hay, quiero decir. Y qué culpa tengo yo de lo que me entra por los ojos. Tengo que decírselo. No sé mentir.
  • Tengo un problema – le suelto así, sin más, con un redoble.
Ella sabe de qué le hablo, sé que ha pensado en ello muchas veces.
  • ¿Un problema...otro problema...?
  • Este es muy serio – retumbo
  • Ya, ya, el puto problema de siempre – suelta ya como sabe, dominando la situación- ...el mismo y puto problema de siempre
  • Yo no tengo la culpa...
  • Ya, ya, Don Porrompompom nunca tiene la culpa – ironiza (sabe hacerme sufrir)- ¡tú a lo tuyo, a incordiar, a intentar ponerme a doscientos por hora...!
  • Sabes que no es eso. Yo solo digo lo que siento, y esto es muy fuerte – martilleo
La noto nerviosa. Empieza a cabrearse.
  • ¿Es que no puedes conformarte con lo que tienes?...¡si gustarme tú y yo sabemos que me gusta...!, pero solo es eso, atracción, no sé...
  • Es amor – me acelero
  • ¿Amor...qué amor ni qué hostias!
  • Yo sé de esas cosas, tía, es amor, y amor del bonito, del hondo, del sincero...
  • Pero tú ya estás enamorado...-insiste
  • Sí, no sé
  • ¿Y te queda sitio?
  • ¡Ufff...!
Retumbo en los oídos. Me siento por un momento dueño de la situación. El ansia está conmigo. Sí, ya sé que como invitada de piedra, porque ella decide. Y yo la entiendo. Quién manda manda, y la razón la tiene.
  • Pero no puede ser – me suelta, ya sé que bien pensado
  • Lo sé...solo te lo he dicho para que lo sepas. Ella no es una más. Tú piensa en ella como quieras, pero no te engañes.
  • ¿Y dices que es amor?
  • Auténtico
  • ¡Joderrr...!

No le digo más. Recupero mi pulso habitual. A ella la dejo ya que piense en otras cosas, que, ya sé, bastante tiene.


viernes, 6 de enero de 2017

OBNUBILACIÓN (Relato)

(Imagen de la red)























Javier sabía a lo que iba.
La excusa del grifo roto era genial.
Así que llegaba con su pesada caja de herramientas para nada, pero cómplice, para evitar sospechas o rumores.
Subía en el ascensor hasta la cuarta planta algo alterado, con bastante ansiedad.
Amaba a Teresa. Amaba su sonrisa triste, su mirada honda y sincera, su voz tierna, su cuerpo batallado. La amaba en silencio, en la cruel y más fría soledad. Y ella le correspondía, se lo había demostrado infinitas veces, en pequeños detalles, leves gestos. Amor de ojos y sueños, de compartir te quieros desde el fondo del alma.
Lo llamó por teléfono. Y ahí estaba, unos minutos después, yendo a su encuentro por primera vez.
Al escalofrío de imaginar el encuentro añadía el del traqueteo y roce del viejo ascensor en la paredes. Soltó la caja, y cerró los ojos. Lo imaginaba así: rozarán sus nudillos la puerta, aparecerán sus ojos flotando en al oscuridad, su cuerpo ondoso, y sin necesidad de hablarle abrazará su cuerpo con fruición, apretará la cabeza contra su pecho, le besará el pelo, los ojos, la nariz, lentamente, hasta hundirse en sus labios, sumergirse en ellos hasta que el aire sea solo una necesidad innegable, y luego, luego....
El ascensor frena en seco, y le obliga a dar un salto y a abrir los ojos.
Es el momento, se dice, el fin de los sueños, el empezar a vivir, el comienzo de la ilusión, de la esperanza. El corazón redobla ante la visión del pasillo donde ya vislumbra la puerta del 4º A.
Solo unos pasos..., una puerta, suspira.
Ase la caja. No pesa, si acaso la responsabilidad. Por un momento tiene miedo. ¿Estaré a la altura?, babea, ¿sabré hacerla feliz?, al tiempo que se afirma: “No estará su marido, no me habría llamado, ni sus hijos...claro, qué tontería, vamos Javi, que solo será un polvo, dos minutos y a correr”, “otro de tantos”, sonríe, para desdecirse: “ojalá”.
Se calma, se centra.
Enfila el pasillo, a pasos cortos, con la respiración entrecortada, hasta llegar a la altura de la puerta. Hay ruido en el interior, son los niños, le parece. Juegan, o gritan, o ambas cosas, deduce. Cierra los ojos. Suspira. Los abre. Y gira la cabeza resignado a la puerta del 4º B. Se dirige a ella con celeridad. La caja le pesa un güevo. Toca. Tardan en abrir la puerta a gritos de ya va.

-¡¡Hombre, Javi, ya era hora, coño, tengo un charco en la cocina!!

Doña Eloisa, octogenaria, clienta de toda la vida, pone en marcha su obesidad mórbida, para intentar dejarle paso.




domingo, 1 de enero de 2017

Y TÚ

(Imagen de la red)



















¿Y tú?

tiene tus labios

y pide una respuesta

sobre el tiempo de existir.

Es un vago sol,

hoy que llueve, palabras

que siempre dicen, si no

siempre las puedes decir.

Tu voz escribe ¿Y tú?,

y yo digo a otra luz:

Estoy bien...



(ahora mejor).

FRONDA

(Imagen de la red)


















Se escuchan risas, música,

fuera del corazón. Latente

es tu ausencia. Por donde huye

la sangre continúa mi rostro

perdido. Vagabunda

es su atadura.

Desandar lleva al niño

que no crece,

que pregunta qué hacer,

si de amor no sabe nada.

La lluvia cesa

en los bosques del alma.

Vuelve a su fronda la palabra,

al silencio que la borra,


hace piedra y pobre ser.

sábado, 31 de diciembre de 2016

LA NOCHE PROPIA

(Imagen de la red)
















Sin porvenir, el tiempo

vuelve a hablar

en el cuarto oscuro. Y cierra

los ojos. No se mueve la estupidez,

no cede la ausencia.

La vida vuelve a ser

del tamaño del día. En eso


se parece a lo que antes fue.

viernes, 30 de diciembre de 2016

RARITO, BLANDITO O BISEXUAL

(Imagen de la red)
























Maricón.
Hay que llamar a las cosas por su nombre.
Tomar un atajo sólo conlleva tener tiempo de aceptarlo.
Es así pero cuesta, más para alguien que ha presumido de haber tumbado a las mejores –eso dice él y yo tomo nota- . Un macho de bandera y ahora la bandera queda a media asta, como de luto; lo hecho hecho está, dicen por ahí, pero él dice que no, que lo hecho hay que matizarlo y definirlo en consecuencia.

¿Por qué no rarito que suena mejor, o tierno que tiene muchas más lecturas, o bisexual -a dos bandas- donde pueden darse muchas de cal y alguna de arena?”,

porque sólo ha sido alguna de arena, y tal vez para calmar esa curiosidad que a muchos embarga y ahoga la voluntad, pero no, no, le llaman maricón, maricón, así de burdo y claro y no le gusta. Y menos a Pili..., y ¡uf!, a su madre.

Le presento, se llama Luis, Fernández si viene al caso; y su amigo Oscar, marido de su prima. Diez, quince años conociéndole y era su prima Manoli y sus pechos promiscuos la/los que abanderaban su morbo y su ansia. Ella, sus pechazos sobre todo, le siguen gustando, no así su manera de hacer el amor, maquinal, como ausente, como quien te presta lo que tiene mientras echa una cabezadita o piensa en los avatares del día.
Siempre ha dicho que las mujeres (nuestras parejas) tienen mucha culpa de las bifurcaciones que exploramos, y son quienes firman la autoría de nuestro carácter, y es que nos convierten, en general, (él se cuenta, y Oscar, y muchos más que conoce) en fieles animales de compañía o depredadores sexuales, al gusto, antes de despegarnos de su lado con buenas maneras o a zapatillazos. Que salvado el éxtasis pre-boda vallan su espacio protegido, y nos construyen una garita en la puerta para montar guardia con el carrito de sus necesidades. 

Así nos convierten en pollas, en recaderos, en carteras repletas de billetes, en esponjas absorbe todo sin opción a la réplica, entre un sinfín de cosas. Dirán que son casos extremos, ya, que a ustedes eso no les ocurre, que a lo mejor a mí me ha tocado la china (o la breva), puede ser. Yo puedo decir que mi Pili es muy suya, que a mí me quiere para todo, para todo lo que ella quiere, salvo algún puntual regalo”.

Y forzosamente, dice, llega el despegue, que empieza… pues como empieza todo, no importándole que vaya fraguando poco a poco un trocito de vida al margen de ella, no lo niega, libertad gota a gota que le sabía a océano. Y así aparecieron las cañas en el bar de Jose los domingos por la tarde, y después los cubatas y el fútbol, y luego las partidas de cartas en La Gruta Negra, también el desplume, y las putas y sus enjuagues sistemáticos 

-“Se agarran a la faena como yo al trabajo los lunes-. 

Y aturdido de tanto mareo conoció a Oscar, como hombre porque como marido del putón –la llama-de su prima ya le conocía. Le conoció como hombre cuando vino a recriminarle que se acostara abiertamente con su mujer. Hay palabras que se entienden aunque se digan otras, miradas distintas en los piélagos de las miradas superficiales de rabia o asco; Luis supo ver todo eso y se estremeció. Aún hoy lo recuerda y se le pone dura: 

“Son esas cosas que no tienen explicación razonada, que te empujan como un ciclón a tu espalda, que ciegan y entierran nuestra escala de valores, que abre una puerta que nunca habíamos visto, ni siquiera pensado”. 

Luis, la verdad y de corazón, sólo había sentido curiosidad por esas vergas descomunales que salen en las revistas del gremio soñando con esa hermosa posibilidad para satisfacer e impresionar a las decenas de coños, alardea, que pueblan su agenda, para despertar de su hipnosis a esas mentes de espasmos rutinarios macizándoles sus huecos inertes con poderío.

“Es el sueño de cualquier macho algo cortito, no demasiado, dice mi Pili, aunque yo sé que no, que no llego a donde ella necesita, que no grita como me han dicho que gritan otras, pero es lo que hay, lo que tengo”. 

Hasta que le mandó a esparragar los domingos por la tarde había echado tierra a sus defectos y se conformaba con lo que le ofrecía (nada de lustre, bien mirado), y pensaba que ella hacía lo mismo con sus limitaciones, pero no, claro que no, era idiota y confiado. Ella necesitaba las tardes de los domingos para desmelenarse. Sabe de buena tinta que en las reuniones en casa con sus amigas le daban la vuelta a la tortilla con toda clase de artilugios mecánicos y con un miembro natural, el de un vecino viudo entrado en años y que se colaba de rondón. Así empezó la insidiosa a no poder pasar sin un polvo sonado a la semana con el primer guaperas que se le pusiera a tiro mientras Luis discernía entre tal o cual opción hasta que tropezó con Oscar. Un juego de domingo que asaltó a cuchillo al resto de la semana. No pudo evitarlo. Prefirió la verdad cruda a la mentira con aderezo. Nadie le había enseñado a amar a alguien de lunes a domingo por la mañana y a otra persona el domingo por la tarde, a abrir y cerrar los sentimientos con una compuerta. Ahora ama a ésta, ahora ama a éste. No sabe amar así y menos a una Pili compartida aunque ella le repite lo contrario. Con toda naturalidad le dice que esto es sólo un juego, un relax necesario, como dormir o comer. Luis está convencido que su Pili es un putón verbenero y no quiere ni pensarlo. Y se irrita. Y vuelve a pensar en Oscar: 

“¿por qué, dirán?, ¿por qué no con una mujer?, no sé, me gustan, me he acostado con muchas y lo seguiría haciendo, sólo que con Oscar es otra cosa. Él es, como yo, un perro apaleado, un almacén de cariño con las puertas tapiadas, un toro rabioso con los cuernos romos”.

Y ocurrió.
Se cornearon mutuamente, se abrazaron y besaron como si les fuese la vida en ello. 

“Me penetró, le penetré como si nos claváramos un puñal que nos destrozara las tripas”.

Y al rato, desnudos boca arriba sobre la cama fue cuando empezaron a hablar y a conocerse, a buscar sus manos y apretarlas con ternura. ¡Un hombre!, recuerda que suspiró, ¡le había penetrado un hombre!, ¡había penetrado a un hombre!, y se sentía feliz, y no le importaba nada. El concepto hombre o mujer pasó a un segundo plano, atascada la lógica establecida y a todas luces razonable. No es que pensara que algo se había roto, que algo hubiera muerto y a la vez nacido porque no tenía por qué ser radical. 

“Ya he dicho que me excita una mujer si llega el caso, no soy un monstruo, ocurrió y no me arrepiento. Volvimos a hacerlo, lo hacemos, seguiremos haciéndolo. Nos queremos, es lógico”.

Pero ahora tiene que enfrentarme a ser un maricón y eso es muy fuerte, enfrentarse a su Pili, bien como recatada esposa o como puta de domingo, enfrentarse a su madre, cincuentona, viuda, una joya de madre, entregada a la liturgia y a los rezos toda la semana salvo los ratos que come o duerme.

Menudo cuadro para enmarcarlo”. 

Y eso no es todo porque la palabra maricón con el viento a favor es como fuego en un pastizal. Ha llegado a oídos de su jefe, un devoto entusiasta, y apelando a la crisis le ha echado a la calle de una patada en el culo. De nada hubiera servido decirle las veces que se ha acostado con su mujer, y con su hija, que esto hasta beneficia a su cornamenta en cierto modo, pero no, no, ha preferido callarse. Y en casa su Pili le ha montado el pollo. 

“No es lo natural, Luisín, no, no y no. Están los cánones, la ética… -balbuceaba de modo capcioso- ¿cómo voy a tocarte ni un pelo así? ¡es que me da algo que yo qué sé…!”


¿Así cómo?, le preguntó, se preguntó, Luis, pasmado”. 

Tuvo que irse. 

“Sólo por un tiempo, tonto, le dijo la Pili frotándose las manos”. 

 Su madre no le abrió la puerta. Un Padre Nuestro y un Ave María tras otro la escuchó murmurar con el ojo clavado en la mirilla. 

“¿Dónde está la tolerancia? ¡mucha teoría, eso sí! ¡qué asco de mundo! – berreó durante un buen rato”. 

Mundo que empezaba a cerrarle puertas y más puertas en las narices. Entonces se paró a pensar. Y no tardó en suspirar, y atraer a Oscar. Su imagen llenó el vacío que sentía, pero no todo ya que pululaba con total libertad el absurdo de la situación creada. ¿Y ahora qué hacer? Buena pregunta, se pregunta. Porque Oscar le ha dicho que lo de dejar a su mujer ni de coña. Lógico, ya que ella es la única que trabaja y desea seguir dejando lo de doblar la raspa para sus encuentros esporádicos. 

“Así no cansa, Luis, además que lo tuyo sólo es una raya en el agua, que soy muy macho, como tú”. 

El como tú le retumba en la cabeza y rechina.

“Cómo tú, cómo tú, macho sí, pero sólo a medias, o sea maricón, grita en mitad de la calle asegurándose antes de que no hay nadie”.

No puede creer que esto le esté pasando a él. Hace nada tenía un buen trabajo, una recatada esposa, una prima liberal, no tiene hijos, 

“ni ostias, sentencia”,

aunque esté sin un duro, al menos eso es lo que su Pili le recalcaba de vez en cuando. En fin yo ya me callo. Dejo a Luis cavilando desde su indigencia laboral y conyugal, y casi sexual, al tiempo que busca una caja grande de cartón donde pasar la noche. 

“¿Maricón, y por que no rarito, blandito o bisexual?”

(2011)