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domingo, 18 de febrero de 2018

LA ACEITUNA DE ORO (Teatro)

(Imagen de la red)
























PERSONAJES:

.-DON PEDRO
.-MARTÍNEZ
.-LUCÍA
.-ANGELITOS: PEDRITO
JORGITO
.-SECRETARIA
.-PELUQUERA
.-CONDE BADANA
.-CHOFER FERMÍN
.-CRIADA LUISI
.- SEÑORA DEL PELO ROJO
.- CHAN
.-ÁNGELES NEGROS. 1
2






ACTO 1
(Martínez llega al cielo. Está la luz apagada. Don Pedro ronca. Su secretaria lee el Hola. En un banco hay dos hombres sentados y una mujer, y los tres, cabizbajos, duermen)

MARTÍNEZ: ¿Se puede?

(Nadie contesta y entra)

DON PEDRO: (Ronca)
MARTÍNEZ: (Casi gritando) ¡Soy Martínez!, ¡Martínez, el de las aceitunas! (y solemne) ¡el rey de las aceitunas! (baja el tono) Busco a Lucía (Mira a todos uno a uno) a Lucía, a Lucía, mi mujer, a mi aceituna de oro
SECRETARIA: (Sin mirarle) No grite y siéntese
MARTÍNEZ: (La encara) Cómo?, ¿que me siente?, ¡Busco a Lucía!Señorita, tengo prisa, no he venido aquí a esperar
SECRETARIA: (lo mira por encima del Hola y las gafas) ¡Siéntese!
MARTÍNEZ: (Obedece, se sienta en el banco, al lado de las tres personas dormidas) (y susurra) bueno, señorita, pero sepa usted que tengo prisa
SECRETARIA: (Mirando su agenda) A ver, no esperaba a nadie, ¿cual es su nombre?
MARTÍNEZ: (Se levanta como un relámpago) ¡Martínez!, ¡Soy Martínez, el de las aceitunas! (y solemne) ¡el rey de las aceitunas!
SECRETARIA: (Con gesto agrio) Ya, ya, ¿Martínez qué?MARTÍNEZ: ¡Martínez!, Martínez, señorita (y solemne) ¡el rey de...)
SECRETARIA: (Enfadada) Vale, vaaale (revisa su agenda) a ver...Carlos, Casilda, Juanito..., pues no, Martínez no tengo yo aquí, se debe haber equivocado de sección. Ésta es la sección nº 11: Enamorados (señala el cartel)
DON PEDRO: (Ronca)
MARTÍNEZ: (Se toca la barbilla) Pues no sé... llevo toda la vida casado con mi mujer, enamorado debo estar... (la mira con tontura) ...en teoría sí...¿no?
SECRETARIA: Ya, ya...¿y busca usted...?
MARTÍNEZ: A Lucía. Lucía, señorita, mi mujer, a mi aceituna de oro
SECRETARIA: ¿Su qué? (y bajito) ¡Otro para la misma!, ¡vaya, vaya, con Lucía! (lo mira e insiste) ¿Y busca usted a Lucía, su mujer?
MARTÍNEZ: Sí
SECRETARIA: (Bajito) ¡Y ahora el marido, el que faltaba! (Vuelve a mirarle, con tono enérgico) ¡No le aseguro que le reciba Don Pedro, no está en su sección! (se la señala) ¡Sección enamorados!
MARTÍNEZ: ...Y dale...
SECRETARIA: ¡Siéntese y espere!
DON PEDRO: (Ronca)
MARTÍNEZ (Resignado) ¡Dios, con la prisa que tengo!, pero señorita,si yo solo busco a mi Lucía, vengo solo para llevármela a casa, a mi aceituna de oro ¿para qué cree que me he muerto?

(Se sienta en el banco. Las tres personas sentadas cabecean. Don Pedro ronca. La secretaria vuelve a sumergirse en el Hola)



ACTO 2:
(Lucía, a la espera de su destino a juicio de Don Pedro, está en una sala contigua, un gran centro de ocio, y aprovecha en la pelu para hacerse unas mechas. Allí, a su lado, una señora con el pelo rojo, entrada en carnes, dormida, pone oído)

PELUQUERA: ¿Verde?, ¡pero Lucía!
LUCÍA: Sí, chica, todo el pelo verde y dos mechitas blancas, casi juntas, haciendo eses, como dos bichitas
PELUQUERA: ¡Ay, Lucia, para bichita tú!, que parecías otra cosa, pero como aquí se sabe todo...
LUCÍA: ¿Todo...?
PELUQUERA: (Gesticulando) Todo, todo. Desde la aceitunita...del rey (mostrando medio dedo) al pepinazo del conde (frotándose el brazo entero, y riendo a boca abierta)
SEÑORA DEL PELO ROJO: (Se persigna entre sueños) ¡Jesús!
LUCÍA: (Con la mano en la boca) ¡Ainsss..., mi Conde!
PELUQUERA: Pero no te preocupes, que Pedrito no es el que era. Desde que se metió en lo de la Justicia le molan los líos de faldas y los tantos por cientos. A ver, no digo yo que sea corrupto pero no sé, tiene un juego de llaves como un florero
LUCÍA: A ver, chica, entiéndeme, una aceitunita...
PELUQUERA: Qué me vas a contar. Treinta años casada con el jeque del maíz (deja dos dedos a un centímetro de distancia) … y eso que dicen que los árabes...
LUCÍA: ¡Pobrecita...!
PELUQUERA: Ya. Se la quise pegar con su primo y no me dio tiempo ni a desnudarme. Y aquí estoy. Bueno, me porté bien con Pedrito. No es lo que parece, tiene un gran corazón, y un gran..., gran... (sonríe, como en Babia) ...pero bueno, eso pertenece a mi mundo íntimo
LUCÍA: ¿Pero no dices que aquí se sabe todo? Ainsss, no me dejes a medias
PELUQUERA: (Sin bajar de la nube) Bueno, todo sí, y todo no. El jefe no lo cuenta todo, para que sea más interesante y no nos aburramos
LUCÍA: Ya, bueno (y abstraída) Ainsss... ¿Y solo por el tamaño estamos aquí? (Frena su éxtasis y la mira a los ojos)...¿Tú crees que tanto importa?
PELUQUERA: No había derecho, Lucía, tú tuviste al menos una aceituna y yo, fíjate, un grano de maíz, no había derecho...
LUCÍA: (Suspirando) Ay, si es que no llegaba, chica, no llegaba...
PELUQUERA: (Suspirando) ...ni entraba, Lucía, ni entraba...
LUCÍA: ¡Ay, mi conde...!
PELUQUERA: ¡Ainsss, su primo...!
SEÑORA DEL PELO ROJO: (Entre sueños) ¿Y ese del pepino? (y despierta) ¡porque, vamos, una de esas cosas, ni el olor! (se duerme)
LUCÍA: ¿Y ésta?
PELUQUERA: Ésta venía como nosotras, de ná ni ná, y dicen que algo tuvo con mi Pedrito, no sé, se quedó transpuesta, no despierta del shock
SEÑORA DEL PELO ROJO: (Abriendo y cerrando los ojos) ¿Cómo me voy a despertar si aquello fue un sueño?

(La peluquera acaba de peinar a Lucía, y ésta se levanta y gira ante el espejo)

PELUQUERA: Verde lagarta, Lucía
LUCÍA: Lagarta sin más remedio, ¡ay!, que una es decente pero todo tiene su medida, ¡ay!
PELUQUERA: (Reparando ahora que Lucía no tiene el colgante) ¿Y el colgante?, ¿el de la aceituna de oro?
LUCÍA: (Se toca el cuello) ¡Vaya!, no sé, debe de haberse caído, con tanto trajín (ríe) ¿Pero de oro?, ¡que va!, con lo rácano que es. Es una aceituna chapada, pero da el pego, como la suya (y bajito) ¡a ti te voy a contar yo!
(Ríen)
PELUQUERA: Pues ahora tiene contigo mi Pedrito un dilema, averiguar quién puso el veneno en el café. Nada cuadra, tampoco que haya sido el Martínez
LUCÍA: ¿Mi Martínez?, no creo. Él tenía su vida y su chinito, yo le importaba poco
PELUQUERA: Por eso. Es raro que quién puso el veneno esté también con nosotros
LUCÍA: (Alterada) ¿Con nosotros?, ¿quién?, ¡quienes?
PELUQUERA: Pues todos...
LUCÍA: (A punto de darle un telele) ¿Todos....??
PELUQUERA: Claro, tu Conde...
LUCÍA: Ya, bueno, imagino
PELUQUERA: ...y Fermín, y Luisi...
LUCÍA: ¿Mi Fermín?, ¡ay, mi amor mío de mi alma!, ¿y mi Luisi?, ¡ay, amor mío de mi vida!, ¿ellos?,¿los dos?, ¿los dos...? (y llora desconsolada)
PELUQUERA: (Bajito) ¿De mi alma, de mi vida?, josú, ésta es un pendón


ACTO 3:
(Sale el sol. Dos angelitos se estiran. Don Pedro masculla en hebreo (antiguo). La secretaria sigue hojeando el Hola. En el banco hay tres personas despiertas, y Martínez que, cabeceando, ronca)

ANGELITOS: (Tocando una campanita, los dos a la vez) ¡Tilín, tilín tilín, tilín, el amor no tiene fin!, ¡Comienza el consultorio de Don Pedro, el tenorio!
DON PEDRO: (Gruñe, y gira la cabeza de un lado a otro) ¡Luisito, Jorgito, no me toquéis la pera que os mando a la hoguera!
ANGELITOS: (A la vez) ¡Qué poco carrete tiene el abuelete!
DON PEDRO: (Dando un golpe en la mesa) ¡¡Dios!! (mira al cielo) ¡Si ni un niño me respeta, cierro y hago la maleta! (y dando otro golpe más fuerte) ¡¡Y se acabó la poesía clásica!!

(Los angelitos se chistan y callan. Don Pedro mira el entorno, tose y retoma la compostura. Vuelve a toser, esta vez a su secretaria)

SECRETARIA: (Recitando de la agenda) El conde Badana, el chófer Fermín, la criada Luisi, y un tal Martínez...
DON PEDRO: ¿Martínez?, ¿el de la aceituna?, ¿el marido?, ¿y qué hace aquí?
SECRETARIA: No sé, vino anoche
DON PEDRO: Pues qué raro, yo no le di el boleto (y pensando) vaya, vaya
ANGELITOS: (Al unísono) ...de la playa

(Don Pedro tose a su secretaria)

SECRETARIA:(Con aire de campana) ¡El Conde Badanaaaa...!
CONDE BADANA: (Frente a Don Pedro) ¡Buenas..., soy...!
DON PEDRO: ¡El conde del pepino!
CONDE BADANA: (Se rasca la cabeza) Nunca me han llamado así
DON PEDRO: (Gesticulando con malicia) su negocio es el pepino, ¿no?
CONDE BADANA:Pues sí, me prodigo más en eso
DON PEDRO: Y tanto, y tanto
CONDE BADANA: ¿cómo lo sabe?, ¿nos conocemos?
DON PEDRO: (Jocoso) Del todo, desde la a de aceituna a la pe pepino y hasta la z de zoquete
CONDE BADANA: No entiendo
DON PEDRO: Pues está chupao. Solo tengo dos pases para el paraíso del amor. Uno lo tiene mi... ejempl, Lucía, y el otro será para aquel de los tres que me demuestre que la merece... (mira a Martínez, que ronca), bueno, cuatro, si sumamos al de la aceituna...
MARTÍNEZ: (Entre sueños) ¡El rey de las aceitunas!
DON PEDRO: (Susurra a Martínez) Sí, sí, de oro
(Fermín se cubre la cara con las manos, Luisi gimotea)
DON PEDRO: (Mirado al Conde muy serio) ¿Usted la ama?
ANGELITOS. (Al unísono) ...o la prefiere en la cama?

(Don Pedro les mira moviendo la cabeza)

CONDE BADANA: (Mirando lejos) Es una mujer maravillosa, yo la quiero mucho
DON PEDRO: Ya, ya, por eso le envenenó el café
CONDE BADANA: (Extrañado, pero pensativo) ¿El café tenía veneno?, ¡vaya!
DON PEDRO: El que usted le puso
CONDE BADANA: ¿Yo?, no, no... Yo solo recuerdo que lo bebí, que estaba muy dulce, muy rico
DON PEDRO: (Bajito y mirando al infinito) ¡A ver quién coño puso el veneno en el café, manda cojones que ni el cielo lo sepa, Dios! (Baja la mirada al Conde) ¡Pero usted compró veneno ese mismo día!
CONDE BADANA: (Pensativo) Hummm..., sí, raticida, iba de camino a la finca cuando me llamó Lucía para tomar café...
DON PEDRO: De hecho tiene un sobre en la chaqueta... (y bajito) ¡Ay, Dios, sólo hasta ahí puedo leer...!
CONDE BADANA: Pues sí, iba a dárselo Lucía, en su casa tenía ratones

(Fermín no se quita las manos de la cara, Luisi no para de gimotear, Martínez ronca)

DON PEDRO: (Muy serio) ...a enseñárselo al café
CONDE BADANA: No, no, por Dios, a mi Lucía no
DON PEDRO: No, claro, pero sí al café de Fermín y de Luisi (y les señala con tono enérgico)
CONDE BADANA: ¿Quién, yo?, no, no, qué disparate (y bajito) ¿cómo lo sabe?
DON PEDRO: (De nuevo enérgico) ¿Y no tendrá en todo esto mucho que ver la aceituna de oro?
CONDE BADANA: ¿Aceituna?, ¿de oro?, ¿qué aceituna? ( y bajito) ¡será metijón!
DON PEDRO: Su negocio flaqueaba...
CONDE BADANA: Una mala racha
DON PEDRO: (Se enfada) ¡¡Y un pepino!!,, ¡siéntese!

(Tose a su secretaria. Ésta levanta los ojos del Hola)

SECRETARIA: ¡Fermíííínnnn!!!! (campanillea en la i)
ANGELITOS: (Al unísono) ¡Al que le hacen los huevos tilín, ti...!
DON PEDRO: (Se gira como un resorte a uno y otro) ¡Shhhhhhh...! (Luego mira a Fermín frunciendo el gesto) Fermín, Fermín...
ANGELITOS: (Al unísono) ¡Al que le hacen los h...!
DON PEDRO: (Con genio) ¡¡Shhhh...! (y señalándoles con el dedo) ¡No creáis que por tierno no os voy a mandar al infierno!

(Se chistan entre ellos y se callan)

FERMÍN: Sí, soy Fermín, el chófer de Lucía, y bueno criado, de todo
DON PEDRO: Ya, ya, y además un forofo del Real Betis y de Vincent Van Gogh
FERMÍN: ...y de Dostoiewsky, y de Chiquito de la Calzada (y lo imita unos segundos) finstro, cobarde...
DON PEDRO: ...¡Vaya!, el gran Fiodor Mijailowich, me da por el lado del gusto, fíjese, su obra cumbre es Crimen y castigo
FERMIN: Ya, pero yo soy más de El idiota
DON PEDRO: (Cachondo) ¡Cobarde! (y bajito) todo un personaje variopinto este Fermín (y ya directo al grano) ¿Ama usted a Lucía?
FERMÍN: (Abriendo un mundo los ojos) ¿A mi Lucía?, con toda la fuerza de mi alma, con toda la sangre de mi mente, todo el cielo de mi corazón...
DON PEDRO: ¿Comolll...?, josu, ya, ya, vale, vale, literato. Y el raticida, ¿también le mola?
FERMÍN: (Muy serio) No, yo, como el señor Conde, lo usaba para los ratones, había muchos
DON PEDRO: Mucha rata, diría yo. A ver, usted compró raticida, lo puso a los ratones, tomó café con la señora (y mira al infinito disgustado) ¡Dios, y hasta aquí me dejas leer!
FERMÍN: Yo abrí la puerta al señor Conde y avisé a la señora. Les serví el café que había hecho Luisi, y luego me fui a mis tareas
DON PEDRO: ¿Y no le vio salir?
FERMÍN: No, no
DON PEDRO: (Jocoso) ¡Pero qué embustero es usted, Fermín! Je,je, y ayudó a Lucía a enterrarle (y mirando al infinito) ¡Gracias, Dios, por el dato!
FERMÍN: ¡Vaya! (y bajito) ¿Pero, este tío como lo sabe?

(El conde monta en cólera, y da vueltas y vueltas al recinto. Luisi gime. Martínez, cabizbajo, duerme)

DON PEDRO: Haya paz, el mal está hecho, tan solo falta el culpable (vuelve con Fermín) ...usted lo enterró, y puso el raticida
FERMÍN: A mí me llamó la señora y me dijo que el señor Conde se había indispuesto, y bueno, que se había muerto, y que si se enteraba el Martínez que el Conde había estado allí la mataría (se tapa la boca) ¡uy! (se repone) me dijo que el Conde no tenía a nadie, y nadie sabía que estaba allí, que si lo enterrábamos nadie se enteraría. Y así lo hice. Yo por Lucía mato (se tapa la boca) ¡uy!
DON PEDRO: Y después tomó café con ella...
FERMÍN: Sí, y no recuerdo nada más
DON PEDRO: ¡Vaya!, pues bueno, ale, que viva el Betis, cobarde (y entre enfadado y jocoso) ¡Siéntese pecadol, o le corto una oreja, como a Van Gogh!!
ANGELITOS: (Al unísono) ¡Pecadol Fermín, al que le hacen los güevos tilín tilín!

(Don Pedro se gira a los angelitos, que callan haciendo pucheros, luego a su secretaria, que bosteza)

SECRETARIA: (Haciéndose la pava) ¡Luisii!
(Luisi para de gemir y con arte contonea sus curvas veinteañeras, haciendo que Don Pedro abra los ojos como platos)
SECRETARIA: (Intentando traerlo al cielo) ¡Ejempl...! (tose varias veces), (lo llama al fin) ¡...Pedro, Pedrito...!, ¡Don...!
DON PEDRO: ¡Ah, perdón!, uf, estaba recordándome hace miles de años, Jesús! (sigue sin quitarle ojo) ...Luisi...
LUISI: (Con tontura) ¿Sí?
DON PEDRO: ...usted, la criada... ( y ya serio, en su papel de juez) trabajaba a dos bandas
LUISI: (Con mucho pavo) ¿Ehh?
DON PEDRO: Pues sí, usted se acostaba con la señora, y con el Martínez, el de las aceitunas
MARTÍNEZ: (Entre sueños, levanta el dedo) ¡El rey de las aceitunas!
LUISI: (Pava) ¿Yo?

DON PEDRO: Pues sí. Martínez hacía creer a Lucía que era gay porque se acostaba con usted, para que no sospechara, y tenía a un chinito de tapadera
LUCÍA: (Pava-sorprendida) ¿A un chino? (y bajito) ainss,mi Chan (Se repone, no de pava) ¿Yo?, ¿con el señor?, nooooo (y bajito) ¿como lo sabe?
DON PEDRO: Luisi, a ver dígame, ¿a quién amaba usted?, ¿A Lucía, al rey de las aceitunas?
MARTÍNEZ (Entre sueños, asintiendo con la cabeza) Eso, eso
LUISI: (Sin pavo, muy mujer) Yo amaba a la señora, y amaba a mi señor (y bajito) ...y a mi Chan
DON PEDRO: Les hacia el amor, mejor dicho
LUISI: No, era más que eso,mucho más que eso
DON PEDRO: ¿Y por qué mató a Lucía?
LUISI: Yo no, a la señora no (y pavísima) ¿pero usted me ve capaz de matar a alguien?
DON PEDRO: (Soplando) Dios, si de alguien hay que estar alerta es de una mosquita muerta (y soplando bajito) pero la joía puñetera, ains, está de buena primavera (y con aire pleno de juez) Usted tan solo quería la aceituna de oro. Por eso la mató
LUISI: (Nerviosa), (pava) ¿Aceituna?, ¿yo?, ¿de oro?, ¿qué aceituna? (y bajito) ¡Qué listo!
DON PEDRO. Usted preparó los cafés y los envenenó a uno tras otro, pero lo que no entiendo es por qué lo bebió usted (y bajito con rabia) ¡Dios, qué difícil me lo estas poniendo!
LUISI: ¿Yo?, pero si yo no tomé café
DON PEDRO: Usted murió ingiriendo raticida, como todos
LUISI: (Muy mujer) Pues no sé, yo solo hice el café y té para la señora
DON PEDRO. ¿Té?, ¡vaya! (se rasca la cabeza), (mira al infinito cabreado) ¡Dios, Dios...!
ANGELITOS: (Al unísono) ¡Mucho presumo, y la cabeza le echa humo!
DON PEDRO: ¡Pedrito Jorgito, os mato, lo juro!

(Y se levanta a darles con la garrota)



ACTO 4 (Don Pedro ronca. La secretaria duerme con el Hola en las manos. En el banco, el Conde Badana, Fermín, y Luisi, cabizbajos, duermen. Martínez despierta)
(Se levanta)

MARTÍNEZ: ¡Hola!, ¿hola?, ¡Madre mía, menuda incompetencia!, aquí solo está abierto el Hola de la señorita, ¡qué rotunda incompetencia!, y mi empresa también en manos de incompetentes y yo aquí perdiendo mi precioso tiempo. ¿Donde estará mi Lucía, mi aceituna de oro? (la llama) ¡¡Lucía, Lucía!! (desiste) Por Dios, todos duermen, y de qué manera (mirando a Don Pedro, que ronca) Imagino que será lo más lógico estando muerto, que quién duerme descansa, dicen. Yo no. Yo no he venido a eso. Mi empresa sin mí no es nada. Y parte de mi fortuna estaba en esa aceituna..
ANGELITOS: (Se despiertan, y al unísono) ¡La aceituna de oro, es la isla del tesoro! (cierran los ojos)
MARTÍNEZ: (Sigue soñador) … mi isla de oro, mis años de labriego, de pasar fatigas hasta construir un imperio, un imperio de aceitunas reducido a una aceituna, que nadie sabe, ni bancos, ni hacienda, ni Lucía, una aceituna de oro cubriendo al diamante más valioso conocido, a la vista de todos y de nadie, como siempre fue mi vida, secreta y bajo siete llaves. Pero, ¡ay Luisi!, qué tendrá ese cuerpo ondoso como campos de olivares, frondoso para el tronco de mis sueños, tan agradecido siempre a mi cortita magnificencia, sin un reproche a la carencia y abierto al verdadero sentimiento, amor al fin y al cabo, y no a cinco minutos de debilidad. ¡Cómo añoro esos momentos de desnudez con el parchís de excusa para tenernos presos de los ojos, de todo un futuro en las olas del ser. Prestarle ese día la aceituna a Lucía, como bisutería para tenerla distraída, que se viese con ese Conde, hacerla creer que amaba a un chino (resopla) ¡a un chino, Dios!, porque me moría por estar con mi niña, todo fue por estar con mi niña, con mi Luisi. Y luego un momento de cansancio, una cabezada, y todos estaban muertos, mi adorada Luisi, y hasta el chino ese, y Lucía, esa arpía repugnante, que tanto fingió que la llenaba mi aceituna, sin la aceituna de oro en el cuello, sin mi aceituna, sin mi imperio. ¡Mal Dios la castigue! Allí nadie sabe mi secreto, sin mi aceituna no soy nada, un vulgar empresario que ha de hincar el lomo día a día, y no, eso ya no. Encontraré a Lucía, recuperé mi aceituna y me largaré de aquí, de este lugar donde dormir será de eterno descanso (les mira a todos) ¡Vaya unos muertos!

(Tocan. Insisten. La secretaria abre un ojo, luego el otro, mira a la puerta por encima el Hola)

SECRETARIA: ¡Paseeee...!
CHAN: Buenas, soy Chan
SECRETARIA: Se ha equivocado, ésta es la sección nº 11, Enamorados
MARTÍNEZ: (Con los brazos abiertos) ¡Chan!, ¡pero si es mi chinito Chan!
CHAN: (Dando un paso atrás, temeroso) Yo no soy chinito suyo, ni de nadie (y bajito) yo soy chinito de mi Luisi
MARTÍNEZ: No te confundas, Chan, lo digo solo por el rollo ese que hemos tenido (le guiña un ojo), por que yo solo soy de mi Luisi
CHAN: ¿De mi Luisi?
MARTÍNEZ: ¿Tú qué?
LUISI: (Se despierta, muy pava) ¡¡¡Chan!!!, ¿¿Martínez??
CHAN: (Abriendo los brazos) ¡Luisi!
MARTÍNEZ: (Abriendo los brazos) ¡Luisi!
(Luisi corre hacia Chan, y se abrazan y se besan)
LUISI: Chan, amor mío
MARTÍNEZ: (Mudo)
SECRETARIA: (Sin soltar el Hola, revisando su agenda) ¿Chan?, a ver...Carlos, Casilda, Juanito..., pues no, no
DON PEDRO: (Se despierta) ¿Y este chino? (mira a su secretaria)
SECRETARIA: No sé

(Luisi y Chan siguen a abrazo y beso interminable. Martínez no entiende nada. Don Pedro tira la toalla)

DON PEDRO: (Implorado al infinito, pero bajito) ¡Dios, me rindo, me rindo, me rindo, me rindo, me rindo, me rindooooooo, ains, me muero por saber quién es, anda, no me tortures más, porfa

(espera unos segundos, y pone oído)
 (y suspira)
 (y susurra)
DON PEDRO: ¿¿Sííi?, ¡oyyyyyyyyyyy!!!!!, ¡vaya!, ¿Quién lo iba a decir, ¡Jesús!, ¡Dios!...






ACTO 5:
(Los angelitos tocan la campana. La secretaria sigue leyendo el Hola. Don Pedro no cabe en su sillón. Frente a él, Fermín, Luisi, Chan, Martínez, el Conde Badana, y Lucía, tras un rato de abrazos, besos, empujones y reproches, sigue algún leve tiquitaca que Don Pedro corta tajante)

DON PEDRO. ¡¡¡Silencio!!!, ¡Al primero que se mueva lo empalelo!
(Ni caso)
MARTÍNEZ: (Sigue acosando a Lucía) ¡Mi aceituna!
LUCÍA: (Le da la espalda, y no ceja en rozar al Conde) ¿Tú qué?, no te da vergüenza, regalarme eso
LUISI: Ainss, ¡Mi chan!
FERMÍN: (Abatido) Yo aquí ni pincho ni corto
DON PEDRO:¡¡¡Silenciooooo!!!, ¡ No consiento que el cielo se convierta en un mercado!
ANGELITOS: (Tocando la campana y al unísono) ¡
¡Llegamos al final de este conflicto, Pedrito va a dar su veredicto!
DON PEDRO: (A los angelitos) Bueno, bueno, sin confianzas
ANGELITOS: (Al unísono) ¡Pero si Pedrito lo ha pillado, es porque el Jefe se lo ha soplado!
DON PEDRO: ¡Mentira, mentira cochina!, ¡os mato! Me ha dicho lo que yo ya sabía (hinchando el pecho) éste es un caso de colegial, difícil pero no para mí (y no muy convencido) ...y silencio

(Todos callan)

DON PEDRO: ¡Vaya!, ¡qué silencio! Imagino que todos quieren saber quién es el asesino, quién tuvo la mente diabólicamente fría para ir envenenando a uno tras otro, y con que fin, y digo todos y digo bien: TODOS. Todos porque nadie se sabe culpable, porque no hay ningún asesino, y al tiempo todos lo son. Yo flipo.
FERMÍN: ¿Pero eso como puede ser? Si el Conde estaba muerto alguien tuvo que ponerle el veneno
DON PEDRO: Pues sí, él mismo
CONDE BADANA: ¿Yo?, ¿a mí?, ¡qué estupidez!

(Todos abren la boca, el Conde intenta hacer memoria)

DON PEDRO: Hay veces que la fatalidad juega malas pasadas, y esto ha sido un cúmulo de ellas. Yo tampoco me lo creía. Tuve que ver el replay
TODOS: ¿El qué?
DON PEDRO: (Hinchando el pecho) Eso está vedado solo a la mente divina
TODOS: ¡Vaya!
ANGELITOS: (Al unísono) ¡...de la playa!
DON PEDRO: El amor atonta, pero el deseo nubla los ojos. Usted, Conde, mucho paquete pero es un auténtico zoquete. Compró el raticida y se lo mostró a Lucía, puso varios sobres sobre la mesa y, estando en plena tontería, lo confundió con el azúcar. Ainss. Usted, y solo usted fue el culpable de todo lo que vino después
CONDE BADANA: ¡Vaya, mi muerte un suicidio!, y sin yo saberlo, ¡menudo suicidio!
DON PEDRO: Un desgraciado y tonto accidente (pero le señala con retintín) aunque eso no quita que sus intenciones eran seducir a Lucía para robarle la aceituna de oro. Quién talló el diamante a Martínez le confió a usted el inmenso valor de esa talla, le dijo que era única
CONDE BADANA: No es verdad, yo no sabía nada de diamantes ni aceitunas. Yo quiero a Lucía
DON PEDRO: ¡Y un cuerno!, usted, con ese..., con ese..., tenía a las mujeres que le apetecían, y no precisamente a una sesentona (y bajito) que está de pan y moja (se realza) usted sabía que con … eso la deslumbraría, sabido, público, lo de la aceitunita del Martinez
MARTÍNEZ: ¡Del rey de las aceitunas!
DON PEDRO: (Con sorna) Sí, sí, rey (y al Conde) usted murió y no pudo llevar a cabo el robo la ilusionó mostrándole un amor con doble fondo. ¡Al infierno!, ¡uno para la leña!
CONDE BADANA: ¡Vaya!
DON PEDRO: ¡Y sin rechistar!, ale, a quemarse el culo, y esa..., ese..., eso, ¡eso!

(Entran dos ángeles negros y se llevan al Conde en volandas. Lucía gime, pero solo por ...eso)

(Don Pedro mira a Lucía. Le guiña un ojo. Luego mira a su secretaria, que está inmersa en el Hola)

DON PEDRO: (Sublime) Pero de todos el más tonto es Fermín
FERMÍN: ¡Eh!, sin faltar
DON PEDRO: Lo es. Usted no amaba a Lucía. Tuvo solo un calentón, besos, cuatro toqueteos, tan solo intentaba acostarse con ella. Su amor secreto era Luisi. Pero ella nunca quiso nada con usted. Así que murió por tonto
FERMÍN: ¡Vaya!, ¿y cómo?
DON PEDRO: La fatalidad, de nuevo la fatalidad. El Conde compró un raticida en sobres pequeños y similares a los del azúcar, estaban sobre la mesa. Y usted después de enterrarle vio a Lucía desconsolada y creyó que era la ocasión propicia. Lucía, por quitárselo de encima, le dijo que tomaran antes café. El te de Lucía se había derramado por lo que fue a la cocina a que Luisi preparase un café y un té, y la pilló abrazada a Chan. Y en ese estado confuso y con el ferviente deseo de acostarse con Lucía ni se fijó que eran raticida los sobres de la mesa. Los puso en el te, en su café, y murieron los dos. Lucía unos segundos antes
LUCÍA: ¡Imbécil!, pero yo te quería, so tonto, contigo no era sexo sino compañía. Eres inteligente, nunca me aburría contigo, me encantaba cuando me hacías de Chiquito o me leías pasajes de Los hermanos Karamazov. Te dejaba tocarme, pero nada más allá, yo era fiel a mi Conde
MARTÍNEZ: ¡A tu qué?, ¿y mi aceituna?, ¿donde está mi aceituna?
LUCÍA: ¿Eso?, ¡so rácano!, debió darte vergüenza regalarme esa basura. Quizá para que tuviese presente tu aceitunita
MARTÍNEZ: (Solemne) ¡Aceituna, del rey de las aceitunas!
DON PEDRO: ¡¡¡Silencio!!! (y sigue con Fermín) Me da usted pena, no es mal hombre, pero solo tengo dos boletos, así que: ¡¡A la hoguera!! ¡otro para la leña!

(Entran dos ángeles negros y se llevan a Fermín. Don Pedro mira a Lucía, le sonríe, luego tose a su secretaria)

MARTÍNEZ: (Agrio) Bueno, bueno, arreglemos este asunto de una vez. Yo quiero a mi mujer, pero quiero a mi aceituna. A por ella he venido y ya me estoy cansando de tanto amor, ni sección enamorados, ni leches. A mi edad el amor está en un segundo plano, es importante pero lo es más una cierta estabilidad, y la mía, sin la aceituna de oro, se tambalea.
LUCÍA: ¿Sí?,  ¿eso?
MARTÍNEZ: Por cierto, ¿donde está?
(Lucía se toca el cuello. Luisi aprieta el bolso a su pecho)
LUCÍA: No sé, como comprenderás eso no me preocupa absolutamente nada. En un mercadillo valdrá un euro
MARTÍNEZ: (Haciéndose el sueco) ¿Pero, donde está?
DON PEDRO: ¡¡Silencio!!
MARTÍNEZ: ¡Y un cuerno!, yo he venido aquí a por mi aceituna y no me iré sin ella. Así que acabe ya con esta pachochá del amor que tengo prisa, venga, venga...
DON PEDRO: (Le mira de arriba a abajo) ¿Quiere que llame ya para que se lo lleven?
MARTÍNEZ: ¿Donde?
DON PEDRO: ¡A arder como la tea! (Martínez recula), ¡pues cállese! Me da gana de mandarlo yo mismo de una patada en el culo, por idiota
MARTÍNEZ: Yo solo he venido a por mi aceituna. Me la dan y me largo
DON PEDRO: ¿Para qué? No aviva ya el fuego porque quiero que escuche lo niño que ha sido, y que como un chino le ha engañado como a un chino. Usted ha venido aquí por nada, a por una aceituna de oro y un diamante que no valen nada
LUCÍA: Eso ya lo sabía yo
MARTÍNEZ: ¡Pero, qué dice!, ¿está loco? Toda mi fortuna, todos mis años de trabajo, de desvelo, están en ese diamante, autentificado por la Chan-society
DON PEDRO: ...O la society de Chan...ende luego...Pagó 3 millones de euros por una joya de bisutería
MARTÍNEZ: (Alteradísimo) ¿Cómo?, no puede ser, está autentificado, no, no, y no, quieren robármela, eso es lo que quieren...
DON PEDRO: Un primo es usted, y bueno le voy a dar ese gusto (mira a Luisi y le extiende la mano. Ella con tontura saca la aceituna del bolso y se la da a Martínez)
LUCÍA: ¡Pero, Luisi!, ¿tú?
DON PEDRO: Bueno, deseo cumplido, y como solo se quiere a sí mismo, pues ale, al calentito. ¡Otro para leña!

(Martínez sale corriendo y cuando entran los ángeles negros ha desaparecido. Se va cerrando el círculo. Luisi, Chan y Lucía se miran con recelo. Don Pedro patalea)

ANGELITOS: (Tocando la campana, y al unísono) A Pedrito le quedan tres, un chinito, una jovencita, y una gran mujer
DON PEDRO: Ya, ya, tenéis razón, y esto me rompe el corazón
ANGELITOS: (Al unísono) Pues había mucho enamorado y se está quedando el patio pelado
DON PEDRO: (Firme pero tierno) ¡Silencio!, que si os doy manga ancha os tiráis en plancha
(Ni caso)
ANGELITOS: (Al unísono) Pedrito, Pedrito, es un juez de dudosa honradez, si una mujer el toca el alma la justicia la palma.
DON PEDRO: (Muy tierno) Ainss, mis angelitos, tan pequeñitos. ¿Con vosotros qué hago?, ¿me enciendo o me apago?, ¿que os cuelguen de una soga, u os frían como una boga? (y se repone, firme, pero tierno) ¡¡Silencio!!

(Los angelitos callan. Luisi, Chan y Lucía están expectantes ante su suerte. La secretaria sigue hojeando el Hola)

DON PEDRO: De verdad que se me rompe el corazón. Pero es mi trabajo y esta es la sección enamorados. Dos tienen el boleto, uno lo tenía Lucía (saca un boleto de su bolsillo y lo rompe) pero no puede ser. Solo le ha rodeado el interés y el deseo. Tú, Lucía, creías estar enamorada de ese Conde Pepino, que pilló una onda con la aceituna, y seduciéndote tenía la salvación para su empresa. Solo sexo e interés. Lo que buscaba Fermín, solo sexo. ¡Ay, Lucía!, y Luisi como una hija siempre, acariciando la juventud que se te iba sin poder evitarlo. Una gran mujer, sin duda, y que no merece un final trágico, ya pensaré, ya pensaré, ya pensaré...
ANGELITOS: (Al unísono) Pedrito es un caballero, pero se le ve el plumero
DON PEDRO: (Tierno) ¡Bueno, bueno! Vamos a acabar esto ya. Luisi, Chan, con todas las contraindicaciones posibles, estoy ante dos enamorados, de eso no hay duda. Luisi acercándote a su señora, a tu señor, muy mal, para no perder el trabajo, pero nunca más allá de desnudos y caricias. Nunca consentiste nada más porque amabas a Chan. Martínez te confió lo de la aceituna de oro para ver si lograba poseerte, y ni así. Pero cuando viste a Lucía y a Fermín muertos se la arrancaste del cuello y la metiste en tu bolso. Para nada, porque esa aceituna no vale nada. Lo hiciste por amor a Chan, para poder iniciar una vida holgada juntos. Y esa fatalidad que te hace tomar café antes de avisar a la policía, y de nuevo el raticida, ¡madre mía!
LUISI: (con pavo) Es verdad, estaban los sobres sobre la mesa, varios abiertos y ni me fijé
DON PEDRO: Y he aquí que Chan, millonario, estafador, llega a la casa y al verte muerta, se da cuenta que a causa del raticida, no se le ocurre otra cosa que ir a la cocina a por un vaso de agua y echarle el veneno
CHAN: A mi no me importa el dinero, me importa mi Luisi, sin ella no hay vida
DON PEDRO: No tengo más que decir, los boletos son para vosotros. El cielo es vuestro

(Luisi y Chan se besan. Jorgito y Pedrito bajan de su pedestal, les dan la mano, y se alejan lentamente)

DON PEDRO: (Secándose alguna lágrima) Bueno, bueno, fin del tema
SECRETARIA: ¿Y Lucía?
DON PEDRO: A ver, a ver, márcame a la sección del cotilleo, la número...
SECRETARIA: La 1, es la nomber one (marca y le pasa el teléfono)
DON PEDRO: ¿Mónica?, llevas siglos pidiéndome unas vacaciones, pues ale, ha llegado la hora. Va para allá mi Secre, que de cotilleo está muy puesta. A disfrutar, corazón
SECRETARIA: ¡Eh! Si yo aquí estoy muy a gusto, jo,¡Pedritooo!
DON PEDRO: Tan solo será un descanso de siglos, ya hablaremos corazón mío, ale, anda, tira, tiraaa...

(La secre se ha haciendo mohines. Don Pedro se levanta e invita a Lucía a que ocupe su puesto)

LUCÍA: ...O sea, secretaria, ¡vaya!
DON PEDRO: Era esto, o ya sabes, no me quedaba otra
LUCÍA: ¡Quita, quita, a mucha honra!
DON PEDRO: Se ha llevado el Hola, pero te puedo prestar mi Interviu
LUCÍA. Vale
DON PEDRO: Lo pasaremos bien
LUCÍA: Claro, Pedrito, ¿puedo llamarte Pedrito? Lo que aquí pase solo lo sabrá el cielo. Y yo ya lo tengo todo hecho...


DON PEDRO: Vale, Luci