juanitorisuelorente -

sábado, 1 de septiembre de 2012

FUGAZ ENCUENTRO (Relato)


La habitación es una caja. Tres por tres por tres, calcula él a groso modo. Tienen oficio los ojos, también para criticar los rincones irregulares del enlucido de yeso y algún resalte indebido en la solería. La pintura blanca, inmaculada, en las paredes no la aconsejaría a nadie pero no la ve mal para la sala de esta clínica dental donde espera para un empaste desde hace unos diez minutos.
A las paredes las adornan dos cuadros de
paisajes sin chispa y un televisor donde emiten un documental sobre osos. Mira los muebles. Una mesita pequeña en el centro atestada de revistas de cotilleo, un sofá mullido y varias sillas vacías, salvo una. En ella una mujer de mediana edad mira desde que él ha entrado  al suelo o para otro lado.
Él y ella se conocen, de toda la vida, sin conocerse absolutamente de nada. Nunca se han saludado al cruzarse y ella ha evitado siempre mirarle a los ojos.
Hoy están a solas esperando su turno y ella sigue siendo incapaz de mirarle a los ojos.
Él se llama Luis, está casado, tiene dos hijos, y ella Patricia y ya es abuela.

-          …¡Cuánto tiempo! – susurra Luis tras librar una batalla campal con los nervios
-          ¿Cómo?
-          Perdona…pero creo que deberíamos hablar ya que…el destino nos ha brindado ésta oportunidad…
Patricia desclava la mirada del suelo y le mira con una mezcolanza de gestos agrios, además de con una neutra curiosidad.
Luis continúa, susurra de nuevo…balbucea:
-          …no sé qué decir…ni como empezar…tú sabes como yo lo que ha pasado…
-          Pasar, no ha pasado nada – salta Patricia como un gato
-          Sí que ha pasado…aunque ya sé que no ha pasado nada…no sé…aún recuerdo la primera vez que te vi ¿sabes donde?
Patricia regresa a las baldosas, como molesta.
-          Vivías en aquel barrio…donde está la cruz…yo trabajaba enfrente, estuve allí unos días…te recuerdo fumando sentada en el escalón de la calle…
Ella vuelve a mirarle. Luis sigue:
-          …luego ya sabes…años y años de mirarnos…
-          ¡De mirarme tú! – le interrumpe con algo de rabia
-          …siempre te ha molestado…
-          Claro que me molestaba, no me gustan los mirones
-          Yo no podía evitarlo
-          ¿Por qué? – revela sin querer Patricia algo de resentimiento
Luis calla un instante, luego sigue:
-          Sabes que estoy casado, que tengo hijos, yo…antes de hacerles daño, de haber hecho una tontería me hubiera cortado una mano…pero eso no quita…
-          Y yo ya soy abuela…tengo un nieto precioso – le interrumpe
-          Lo sé, te he visto con él
La conversación se distiende, empiezan a mirarse de arriba abajo sin ataduras.
-          Tuvimos un momento tonto ¿lo recuerdas? – dice Luis
-          ¿El tuyo o el mío?
-          Je je, el mío ha sido constante…el tuyo fue puntual ¿creíste que no me di cuenta? De pronto aquellos encuentros en la cafetería con tus amigas no podía ser casual, precisamente a la hora en que yo iba a diario…
-          Hace años de eso…
-          ¿Diez?
-          En el 2, sí, diez años, joder, si me hubieses hecho un solo gesto me hubiese tirado a  ti como una loca, había dejado a mi marido, lo eché de casa… estaba mal, sola como la una
-          Pero no podía ser…
-          Ya imagino…estuve un tiempo descentrada, me daba mucha rabia verte y que me miraras, seguro que lo notaste
-          ¡Uf!
-          Más tarde pensé qué es lo que debía hacer, volví con él…ahora estamos bien, no me quejo ¿y tú?
-           Bien, estoy bien, tampoco me quejo
-          ¡Vaya! –sonríe Patricia- ¿entonces de qué nos quejamos?
Ríen sin elevar mucho el tono.
-          Pudo ser y no fue, es todo…- dice Luis- a mí me gustas y eso no lo borrará nada ni nadie. Eres parte de mi vida aunque no hayas participado en ella
-          …tú también…es así…no puedo decir lo contrario
Luis siente un impulso.
-          ¿Me dejas darte un beso?, la chica no tardará en venir a llamarte…tal vez así no volvamos a vernos nunca…
-          ¿Qué clase de beso?
-          El primero y el último
Por primera vez en varias décadas hieren sin pudor a los ojos. Él se levanta y la coge de la mano, la ayuda a levantarse, ella es más baja que él y tiene que agacharse para nivelar los labios. Los unen. Primero levemente, después con fuerza, más tarde se recrean apasionadamente. Se abrazan, se acarician…
Oyen el chancleteo de la enfermera por el pasillo. Tienen los ojos humedecidos. Uno a otro se pasan la mano por la boca, por el pelo, se aprietan de nuevo…

-          ¡Vamos Patricia! – dice la enfermera sin llegar a entrar a la sala

Luis tiene la mirada clavada en Patricia, y le suelta la mano lentamente hasta que se escapan los dedos, luego sigue a su cuerpo menudo hasta que desaparece…

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