juanitorisuelorente -

martes, 25 de junio de 2013

MANUELA (Rima Jotabé)

(Imagen de la red)


















A Manuela se le apaga otro día,
y en silencio, cansada, aún porfía.

Manolo juega al fútbol bien sentado.
Pide otra cerveza. ¡Gol! Ha marcado.
Está feliz. Treinta años a su lado.
La buena esposa, el recién jubilado.

A ser princesa le echaron las redes,
en un castillo de cuatro paredes.

¡Sueños de joven, la vida que ardía.
Romances de ciegos. Tiempo golpeado
una y mil veces. La vida que agredes!

Hoy, Manuela arrastra firmes cadenas,
la fe perdida, de vacío llenas.

Manolo acaso no tenga remedio,
del tajo a la casa, siempre al asedio,
le hace el amor con exacto promedio,
luego el hombre a la mesa, ella a su medio.

“¿Por qué el tiempo se me ha vuelto viejo,
esta niña es así en el espejo?”

Viste en su piel pasadas azucenas,
de amplia sonrisa sus labios de tedio,
de hermoso perfil su falso reflejo.

Manolo grita: ¡Nena, la cerveza!
“¡Ay, esta mujer de mala cabeza...

antes, de joven, era más atenta,
a primera vista un poco sargenta,
reina de su casa, siempre contenta,
ya no me sirve ni para sirvienta”.

Manuela sigue niña en su memoria,
cientos de nombres, amores de gloria.

Y vuelve a su idea con fijeza.
¡Mañana, mañana...-inspira sedienta-
haré la maleta...nace mi historia.


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