juanitorisuelorente -

miércoles, 14 de noviembre de 2018

EL DOLOR

(Imagen de la red)













Toco los sesenta y uno

y hasta ahora me respeta,

sin siquiera conocernos,

el dolor que me rodea.

No quiero pecar de ingenuo

y me abrazo a una madera

porque en los uys de mi vida

ha rozado mi entretela

y lo he visto muchas veces

con el rabo entre las piernas.

No me ataca el puñetero

salvo alguna menudencia,

salvo el set de quita y pon

al que no se le echan cuentas,

y sigo teniendo ganas,

hasta cierta fortaleza,

de seguir abriendo mares,

construir en las estrellas.

Pero también es un puente

donde el corazón me lleva

a sentir el que en tu carne

de modo tan cruel se ceba,

y aunque no sienta lo mismo

hasta mi razón se niebla

si de mí quisiera darte

todo el estar bien que pueda.

Hoy me bato con su alma

aunque aún no me contempla

y le arranco las raíces

con las cartas que me deja

que es vivir muy de la muerte

con sus sombras en la hoguera.



sábado, 3 de noviembre de 2018

LA INTIMIDAD DE LA OBRA (36) (10 Décimas espinelas)

(Imagen de la red)

























1
Lo importante es ir viviendo
y dejar las florituras,
que aunque el rostro brille a oscuras
en el fondo les entiendo.
Yo, en cambio, sigo latiendo
por el paso de los años,
y entre tantos desengaños
ha quedado fiel mi esencia,
esa voz de la existencia
que plasmaba por redaños.
/
2
Soy esclavo de mi oficio,
con los ojos a degüello,
en toda obra piso el cuello
a sus defectos por vicio.
Si no hay mayor estropicio
que a los sueños los destruyan
unas manos que diluyan
el trabajo bien trazado
con un rol de aficionado,
y maestras se instituyan.
//
3
Ando por un bosque plano,
nada me chista a los ojos,
si hay más canto a los abrojos
que al silencio más ufano.
Hay cesión a lo espartano
y con mundos de colores,
en los rostros no hay autores
sino caprichos de dueña,
con la lógica a la greña
y lo absurdo sin censores.
////
4
Ando ya la cuesta abajo
y no soy de la pelea,
el que quiera ser que lea
o construya en el atajo.
En lo nuevo ya no encajo
si soy de otra orografía,
en la que el dueño confía
porque entiende en el bagaje
que hay suficiente rodaje
para consejero y guía.
/////
5
Hoy me veo en el espejo
si paseo en sus orillas
y me encuentro en las semillas
del diseño más complejo.
El amor al arte dejo,
lo que nadie ya cultiva
por la magia relativa
de incidir en lo barato,
demostrando buen olfato
para la sed lucrativa.
///////
6
En Bailén de todo crece
sin aire que la defina,
de mil estilos germina
porque a su bola parece.
Construirme palidece
y ya busco en otra sombra
un presente que no escombra
ni construye mis inviernos
sino los mundos internos
de un futuro que me nombra.
////////
7
Pero siento que se pierda
esa voz de los ancestros,
la de los viejos maestros
que casi nadie recuerda.
Sigue en un cero a la izquierda
el enser de su legado
si no hay un testigo al lado
que viva al pie de la obra
hasta la ínfima maniobra
que firme en el acabado.
////////
8
Hoy son hijos de otra escuela,
la de maestros del libro,
y en la práctica calibro
el puntal de la entretela.
Es jugar a la quiniela,
poner velas a la suerte,
no a los precios de la muerte,
que mordido el caramelo
luego comienza el canguelo
si en las entrañas revierte.
/////////
9
En las obras del futuro
está el buen especialista,
otro puntito en la lista
entre mil de copa y puro.
Y siguen al lado oscuro
por los pueblos más pequeños,
como restos hogareños,
los que están sin acomodo
al saber hacer de todo
por el mundo de los sueños.
//////////
10
Bullo al sol de cada día
por los hilos que me quedan,
lo justito de mí heredan
con la linde en la atonía.
Tan sobrado de energía
y tan fiel a mis valores
que, aunque no nazcan primores,
siguen mis manos la senda
del deseo que pretenda
el universo o las flores.

jueves, 1 de noviembre de 2018

LA HUIDA

(Imagen de la red)
























(Andábamos más allá de la muerte
y fueron borradas las noches,
muchas tardes de otoño).
No se abandona la palabra
si no hay un tibio rostro,
una calle deshabitada,
si el pensamiento finge estar
cuando la luz ha quedado lejos. 
No se abandona un nombre 
si está hecho destino, aire
detenido, si arde revuelto 
de tiempo presente y escribe
de poseer la luz.
(No sé permanecer
en polvo y ausente,
entregado a lo insensible,
tras la insensatez que deshace
los días de mundo).
El adiós 
es la altura oculta
en el fondo más solo, 
la fuerza con vistas a la ceniza,
al roto
y la mano pura.
Llover de invierno,
estar a salvo
aunque quiebre al alba
sentirse memoria anegada 
sin el valor de los gestos,
donde se enciende una flor, un poema.
(Así, contigo, verdes azules
al hombro
y la vena que estalla en su ataúd,
léase , sabiendo en sí,
profunda señora).
El corazón empuja
y arrasa en su virtud
a las palabras que derriban 
las torres de mudez
como triunfo en solitario,
y huye.
De antaño el pretexto,
desnudo indescifrable 
y bajo vientre, se funde ahora 
a los ciegos soles
el umbral 
de las cosas pequeñas,
al extremo límite como cuerpo 
de pájaro y de lágrima.
(En mi fuego aún estabas
con el aliento escrito
y la piedra
en el vértice del silencio.
Ángel caído).
Seguir andando 
al propio hombre
sin el niño fantasma. 
Ir donde no puede encontrarse 
asfixiado el latido,
donde duerme la orilla 
del aire
tras la penumbra,
descarada la transparencia,
la sangre que abrasa el mar.
Huir por hilos descalzos
al caudal de sentir
para cambiar, radiante, 
la forma verdadera, 
los tiempos arañados
por demasiado tarde y frases hechas.
(Sí, estaba roto
el hilo en la noche misma
y se unía vivir
a la vida entera
el oido estable del que huye
a oír y escuchar,
simplemente. El amor).

domingo, 21 de octubre de 2018

EL CIELO MÁS PEQUEÑO

(Imagen de red)























Vivo en la sombra que da
sentirte, amor, bajo la luna,
en ese pequeño espacio
donde el infinito abruma,
si en sus húmedas caricias
siguen las horas de punta,
palabras entre paredes
que de cielo las inundan:
el azul de lo más hondo,
y la espera más oscura.
Vivo entre la luz misérrima
y los acasos que achuchan
a ser del mar de la muerte
y los destinos que truncan,
si amedrentan las afueras
que en lo suyo solo hurgan,
con la carne sobre el polvo
porque simplemente fluya.
A tan inmensa estrechez
ni un solo beso la purga,
amainado el torbellino
donde hasta un roce se encumbra,
medio ocultos en la ruina
del mañana que construya
a los labios con los siglos
enredados a la lluvia
(Imperceptibles las horas
y su canto a la fortuna,
tú y yo, con la voz en vena
que a todo instante nos funda)
.

viernes, 19 de octubre de 2018

DEL BRILLO, Y OTRAS AGUAS

(Imagen de la red)

























Fluyen los ríos

sin cauce,

desde hace tanto,

y el agua escapa de las alas,

libre de mar, a la muerte

en la piel sinuosa y la sed

infinita

de labios y olas azules,

entre piedras derramadas

y ojos a dolernos,

náufragos de la lluvia,

blancos ya de la ceniza,

atados,

bajo el peso de la luna,

a los quisieras,

a la fuente y los regueros,

por los hilos de la sangre que ama.








domingo, 14 de octubre de 2018

COPLAS A LA MUERTE DE TU AUSENCIA

(Imagen de la red)















I
Nunca había tomado tierra
el cariño de un vacío
vagabundo,
y en los pilares que aferra
quedan restos que porfío
por el mundo.
De tan lejos, por el hambre,
se marchaba y no volvía
lo pequeño,
solo amor en el alambre
que en los días se mecía
como un sueño.

II
En esas tibias sensaciones
que atesoro en la memoria
como instantes,
fueron los más fríos dones
elevados a la gloria,
por gigantes.
Tras la muerte no hay amparo
en la voz de la conciencia,
ni respiro,
nada vuelve fuerte y claro,
ni confunde en la evidencia
su suspiro.


III

Lo que arde se resquebraja,
si en el tiempo solo hay hilos
a la tarde,
y a lo nimio se rebaja,
descendiendo el ser pupilos
del alarde.
Si a lo oscuro y prepotente
no le cabe el mar al hombro
ni el espacio,
tan cerrado a lo indigente,
tan abierto a ser escombro
su palacio.



IV

Para ser vertido al viento
hay poder en nuestro muro,
y la hiedra,
junto al firme sentimiento
del corazón maduro
de la piedra.
Avanzando en su naufragio
el amor cuadriculado
es cortante,
y desde niño ya presagio
que ambos hemos heredado
lo distante.



V

Si fuimos apenas restos
caminando por la orilla
de la sombra,
y sin el brillo de los gestos
una mirada sencilla
ni nos nombra.
Cuantas veces viajando
con la noche por testigo,
en silencio,
en los gestos respirando
cada imagen a mi abrigo
que secuencio.



VI

De palabra no hay te quieros
ni tras lenguajes cogidos
de la mano,
sino latidos rateros,
caminos entretejidos
a lo vano.
¿Qué muestra así lo sentido,
sin raíz en el adentro
a su altura?
¿A qué fondo sigue asido,
que ni a impulsos no te encuentro
la ternura?




VII

Fueron tiempos de rencores,
de buscar tu voz amable
por el suelo,
de morirme entre las flores
del corazón penetrable
de mi abuelo.
De beber tu mar de lejos
paseando sin mirarte
por la arena,
con los pensamientos viejos,
como quién crece en el arte
de la pena.




VIII

Fueron tiempos de ascender
por las agrestes laderas
a mi cumbre,
de momentos de aprender
y cumplir mis primaveras
en la lumbre.
¡Cuanto tiempo hemos perdido!
¡Cuantos cielos de la tierra
bocabajo!
¡Cuanto lejos del oído!
¡Cuanto vacío nos cierra
todo atajo!




IX

Conducir hacia el fracaso
empuja aires que desnudan
tu presencia,
con tan horizonte escaso,
que tus ojos solo anudan
a la ausencia.
Otra piel que cae en las redes
que le exigen nuevos quiebros
a la noche,
y vagar por las paredes
codiciando a los cerebros
del derroche.



X

En tu tren me quieres hombre,
que conduzca en mis raíles
a tu suerte,
que mi tierno inicio alfombre
a tus años más hostiles
a la muerte.
Avanzó la lejanía,
lo inhabitable e imposible
de las cosas,
porque raíz no tenía
ni el jardín inmarcesible
de las rosas.




XI

¡Ay, del código que abate,
estrangula a lo sagrado,
desvalido!
¡Que en la cara falsa trate
que quede desdibujado
lo indebido!
Se me abre el mundo contrario,
y enredado entre sus pasos
me diluyo,
si regreso ami rol diario,
a los acasos u ocasos
que construyo.




XII

No lo llamo gesto innoble
sino el punto de la vida
derrotada,
ese instante del redoble
que te nombre en la salida
hacia nada.
Destinada a su misterio
nos humilla la aparente
cantinela:
Omisión y vituperio,
a la vida displicente,
y a capela.




XIII

Todo un mar de peces ciegos
que en su silencio caduco
perseveran,
y con egoísmo en sus ruegos
siguen el continuar farruco
que veneran.
Nuevo asalto a la familia
con el verbo de otras veces,
su veneno,
como esa fuente que auxilia
las sedientas pequeñeces
sin refreno.




XIV

Desde la edad más temprana
abriga mi mente un daño
sigiloso,
que asido a los huesos grana
como escudo siempre huraño,
nebuloso.
Ni a la juventud confunde
el fragmento de la urgencia
que acuchilla;
cada eclosión que se hunde
por frutos de la vivencia
sin semilla.



XV

Ningún cielo así se esboza
cuando al crecer el azul
se disgrega,
cuando la obra ni roza
el beneficio gandul
de la briega.
Y tras ese afán inútil
construye el alma deshecha
su espejismo,
si entre lo inmenso, lo fútil
es la mano que pertrecha
todo abismo.



XVI

¡Sed de fina mordedura!
¡Luz paupérrima!, ¡poniente
de la ruina!
Bajo la indemne cintura
de la juventud silente
y marina.
Hitos del abrazo amargo,
del espejo riguroso
y lo eterno,
de la lluvia, sin embargo,
del río más belicoso
y fraterno.




XVII

Tras lo baldío, la sangre
nos empuja al nuevo idioma
de los labios,
al vivir que no desangre,
al mañana que desploma
los resabios.
En la muerte de tu ausencia
fulge el dolor que en litigio
se derrama,
mas hay paz en la sentencia,
corazón en el prodigio
de la llama.





XVIII

No es un canto a lo veleta,
ni la huella bajo el lecho
de la roca,
sí la realidad concreta
que al destino mas derecho
descoloca.
Cómo nace en la penuria
la mirada con cimientos
de amargura,
y a tanta inquietud que injuria,
unida a sus cimientos
la atadura.




XIX

Eran flores del olvido,
pero en tu ausencia ya impera
su reverso;
cada muro derruido
a nuestra voz abandera
de universo.
Y a tu paso en la fatiga,
a sabiendas que en los gestos
nada cambia,
si de adentros es la espiga
que con los brotes molestos
se intercambia.




XX

Tuvo que llegar la muerte
a tu ser del mar, desnudo
y aterido,
para que el vivir liberte
a lo tan ciego y tozudo,
desleído.
Para que ausencias de antaño,
al igual que las refriegas
incesantes,
entrelazadas al daño,
queden como una luz ciega,
y de antes.




XXI

El creernos infinitos,
con la verdad inalterable
y sumisa,
lega a los mundos escritos
el rastro firme e insaciable
de la prisa.
Como andar verbos y puentes
sin la familia fundida
a los ojos,
perpetúa hilos carentes
de esa voz y sed que impida
los cerrojos.




XXII

Y tú, tan dueño, a una altura
que nunca compartió el roce
de mis dedos,
diste pompa a la rotura,
a que mi principio esboce
tantos miedos.
Perseverando en lo breve,
en las labores que truncan
los colores,
como dioses en la nieve,
cuando obsesionadas no inculcan
los amores.




XXIII

Siempre tuve en tu modelo
al hombre que no quería
parecerme.
Batía a tu esencia en duelo
como a aquello que debía
retraerme.
Sobre todo en la indolencia,
como herrumbre que al amor
desparrama,
siempre hollando en la cadencia
que mantiene la calor
del que ama.




XXIV

Y me fui uniendo al despliegue
que eludía lo tan triste
heredado,
abrazando en lo que llegue
a la lluvia que no existe
a tu lado.
Si además de padre, amigo,
más que amigo, ser hermano,
es mi anhelo,
el sentir siempre conmigo
a la sed que ahora afano,
nunca el hielo.


y XXV

Mas fuimos como la flor
que rodeada de maleza
se nos abre;
y nos inunda su olor
sin idioma que a pobreza
se apalabre.
No en vano un padre es la tierra,
la sangre, el alma, los lazos
con la muerte,
no hay que renegar si yerra,
ni intentar cambiar los trazos
de la suerte.



lunes, 1 de octubre de 2018

YO





























Yo no espero algún regalo

que no nazca de mi frente,

la ayuda de quién mi nombre

poco le va ni le viene.

Yo no espero ni tambores,

palmaditas ni laureles,

si no escribo para obrar

ni construyo con la mente.

Así que no miro al cielo

por si algún quizás me llueve,

que no soy de letras grandes,

ni ando de ríos y peces.

Yo no confundo el mañana,

mi pasión con lo celeste,

estoy subido a mi almena,

la de ser como se siente,

ni más alto ni más bajo

que mi uno seis siete,

ni más lejos ni más cerca

que llegar a donde llegue.

Y por eso nada espero,

si yo mismo soy mi suerte,

la de hacer lo que me gusta

sin el miedo a lo que piensen,

que si gusta, bienvenido,

y si no, el respeto siempre,

tanto si no deja huella

o si pinta el mar de verde.