juanitorisuelorente -

sábado, 24 de agosto de 2019

LAPSO

(Imagen de la red)

















Aunque siga prisionero
soy de seis de la mañana,
cuando todo es disiparse,
no hay regreso ni batalla,
cuando un sueño se resiste
a plegarse hacia la nada
y mi luz es de la noche
y mi corazón del agua.
Son momentos de oro viejo,
de una irrealidad esclava,
de sentirme navegando
por un mar de vida en calma,
si sentir no tiene cuerpo,
anda sorda la mirada,
y todo es de juventud,
de comienzo y carta blanca.
Esa paz que abre mis ojos
tiene en la conciencia el arma,
el sello del perdedor
incluso en grandes hazañas,
y en esa mínima estancia
en que los colores granan,
ese mar de regocijo
sin mal viento ni ola amarga,
deshace al mundo real
toda la carga que arrastra,
y me siento sin memoria,
sin futuro ni esperanza,
como una isla muy perdida,
como un punto en la distancia
-paréntesis que soterra
toda la inquietud del alba-.

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