juanitorisuelorente -

domingo, 9 de julio de 2017

EL ARROZ


























Solemos llamarlo arroz,

cambiamos el nombre al campo,

y él solo sirve de excusa

para disfrutar su encanto,

lo mejor de los amigos,

porque invita a ser muy sano.

Y ayer, al mando de Pedro,

un chef de amar al plato,

recitamos al jamón

escribiendo con el labio,

con la cerveza en invierno

y el calor de lo que hablamos,

que aunque nos una la rima

más unen los versos blancos

porque aquí sale la esencia,

dos y dos si suman cuatro.

Al versar en la piscina

nado en verso para abajo,

porque el agua no la entiendo

ni con Gelman de la mano.

Lo demás son pececitos,

y envidio a María Prados.

o como hace José el muerto,

a Turboloco en sus saltos,

Laura y Mary en sus consejos,

al Turbito haciendo el trasto.

Luego está quién no se ar/rima,

quién hace versos roncando,

quién vigila bien la playa,

y a Guadalupe y al gato.

Pronto reina la paella,

el poema más logrado,

que aunque quede mucha tarde

y comida para hartarnos,

y la noche se prolongue

por los ojos más extraños,

ella es la que siempre firma

a este día en lo más alto.

Momentos que repetir

porque la vida es de barro

y cuando al barro le llueve

y estar a gusto es tan raro

hay que llamar al arroz

para sentir en el campo

amor a la buena gente,

a la cerveza y al plato.



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