juanitorisuelorente -

miércoles, 18 de julio de 2018

CIELO PREMATURO

(Imagen de la red)


















Tras mil días de piedra

centellea la voz de los espejos

y el amor es cómplice

de su infinito fondo de mar

y los ojos más solos.

Nos rozan nuevos rincones

a distancia íntima,

con los labios vacíos y latidos

en sus vaivenes. Hay

momentos con el nombre limpio de las cosas:

Apretarnos la cara, y regalarnos

un velo de color a tu belleza

y surcos

donde arañar notas que me lleven siempre

a tu recuerdo.

La luz derrama algunos huesos

cuando se siente cierta la aventura

y nada niega

que rondamos un silencio construido

por seísmos y certezas.

Aires nuevos para tus ojos

y paseos por la piel y el pie descalzo,

como testigo casual,

fueron lazos al rol de lo imprevisto.

Luego, de nuevo,

el mundo en la mirada,

unas manos que sellan ternura,

los labios transparentes

y su abrazo mudo,

a la orilla de un café

con el infinito como único pretexto

que responde a los impulsos.

De nuevo,

la palabra quieta

y la sangre en rebeldía;

entre el crujir de los bosques tapiados

que no ceden,

latiendo,

si no desnuda la sed

el deseo de ser naufragio.



Apenas,

aún,

instantes de sol,


cuerpos de cielo prematuro.






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