
juanitorisuelorente -
jueves, 17 de febrero de 2011
DE RECUERDOS Y AUSENCIAS
Por los rincones volví a dejar ayer
nuevos recuerdos.
Buenos o malos recuerdos
que ya sólo sabrán tararearme canciones viejas.
Que me recordarán si lo quiero
inventando un mundo
sin aire
que sigue ascendiendo en el tiempo
y su ruina.
Que me recordarán sin querer
todo lo que no he atado
y enviado al silencio
de los siglos.
Recuerdos a voces, o tumbas. Miradas
sin rostro a lo bello, al olvido, a cimas lejanas.
Abundancia del ser.
¿Pero qué es un recuerdo sino una ausencia
en las entrañas de una vida
que va llorando del árbol
sus ramas caídas?.
nuevos recuerdos.
Buenos o malos recuerdos
que ya sólo sabrán tararearme canciones viejas.
Que me recordarán si lo quiero
inventando un mundo
sin aire
que sigue ascendiendo en el tiempo
y su ruina.
Que me recordarán sin querer
todo lo que no he atado
y enviado al silencio
de los siglos.
Recuerdos a voces, o tumbas. Miradas
sin rostro a lo bello, al olvido, a cimas lejanas.
Abundancia del ser.
¿Pero qué es un recuerdo sino una ausencia
en las entrañas de una vida
que va llorando del árbol
sus ramas caídas?.
miércoles, 16 de febrero de 2011
GUERRERO
Hay caminos diferentes en lo mismo
que son pulsos a lo perdido,
horas de días inciertos,
de días sin huellas,
días de curar cicatrices,
de andar bajo la lluvia,
días, al fin y al cabo,
de transito en su propia sombra.
¿Qué logra el ruido, el odio,
qué la voz repetida arañando en la memoria?
Hay libros del pasado
que están para abrirse, y pensar,
y no para empuñarlos bajo tierra.
¿Acaso pertenecen a los ojos?.
Atrás habita en el silencio su condena,
el ayer con un nudo en la garganta, atrás,
en la voz entumecida, en un final
que no merece su principio.
Soplo de miedo. Sí.
Pero nueva luz donde el espíritu
no ceja.
(de "Dust in the wind")
que son pulsos a lo perdido,
horas de días inciertos,
de días sin huellas,
días de curar cicatrices,
de andar bajo la lluvia,
días, al fin y al cabo,
de transito en su propia sombra.
¿Qué logra el ruido, el odio,
qué la voz repetida arañando en la memoria?
Hay libros del pasado
que están para abrirse, y pensar,
y no para empuñarlos bajo tierra.
¿Acaso pertenecen a los ojos?.
Atrás habita en el silencio su condena,
el ayer con un nudo en la garganta, atrás,
en la voz entumecida, en un final
que no merece su principio.
Soplo de miedo. Sí.
Pero nueva luz donde el espíritu
no ceja.
(de "Dust in the wind")
martes, 15 de febrero de 2011
FRÍO
De cerca tus ojos lejanos
me recuerdan las horas perdidas,
una sanada herida
que sólo busca hojas en blanco,
un silencio para siempre.
De cerca se marchan
al nuevo otoño de una amistad
inacabada, a una soledad
que solo naufraga en el tiempo
con la esperanza del mañana,
aunque no lo creas.
De cerca veo noche, océano, niebla,
la mentira o verdad delante, en el aire
de los labios que dibujan al oído
los aromas nauseabundos de su adentro.
Hay cuchillos que se clavan
sin hacer herida alguna,
desangran corazones, sus raíces.
Lo noto.
Y es de cerca cuando asolan sin ruido
una excusa que no quieren,
imperturbables.
(de "Dust in the wind")
me recuerdan las horas perdidas,
una sanada herida
que sólo busca hojas en blanco,
un silencio para siempre.
De cerca se marchan
al nuevo otoño de una amistad
inacabada, a una soledad
que solo naufraga en el tiempo
con la esperanza del mañana,
aunque no lo creas.
De cerca veo noche, océano, niebla,
la mentira o verdad delante, en el aire
de los labios que dibujan al oído
los aromas nauseabundos de su adentro.
Hay cuchillos que se clavan
sin hacer herida alguna,
desangran corazones, sus raíces.
Lo noto.
Y es de cerca cuando asolan sin ruido
una excusa que no quieren,
imperturbables.
(de "Dust in the wind")
domingo, 13 de febrero de 2011
AFORISMOS
LUEGO EXISTO
Pensar es un cruce de caminos
que conduce a lugares sin nombre.
ESPACIOS
¿Quién inventó el mar, quién
puso tierra, espacio de por medio?.
PRIMAVERA
Siempre es un frío príncipe
el que despierta a la bella durmiente.
ARCILLA
Come mi ciudad de la tierra.
Tierra que no se come.
MUESTRA DE GRATITUD
Es humano prestar los pies y las manos
a quién ha dejado de tenerlos.
HE DICHO
Primero vienes y me dices lo que dices
y luego, más tarde, vas y lo cuentas.
LETANÍA
Ni un minuto más sin alegría,
dijo quién ya no sabía reír.
SIN CADENAS
El amor sale solo a divertirse
para comprobar si es cierto.
RABIA
Yo solo fumo
para echar humo.
INQUIETUDES
Cuando sabemos lo de siempre
miramos hacia lo que cuesta saber.
UNO DE CIEN (o mil)
Donde no cabe un alma
hay almas que piden paso.
TUS OJOS
Mirarme fue un arte
que dominas todavía como nadie.
IDEAS
Construyo, y abandono a su suerte
mil pensamientos que ahí no me sirven.
POESÍA
De mis entrañas
huyen palabras hacia la luz.
FE CIEGA
Tu fe
mueve mi montaña.
SIEMPRE EN PRACTICAS
El amor hay que hacerlo a menudo
aunque ya esté convencido.
Pensar es un cruce de caminos
que conduce a lugares sin nombre.
ESPACIOS
¿Quién inventó el mar, quién
puso tierra, espacio de por medio?.
PRIMAVERA
Siempre es un frío príncipe
el que despierta a la bella durmiente.
ARCILLA
Come mi ciudad de la tierra.
Tierra que no se come.
MUESTRA DE GRATITUD
Es humano prestar los pies y las manos
a quién ha dejado de tenerlos.
HE DICHO
Primero vienes y me dices lo que dices
y luego, más tarde, vas y lo cuentas.
LETANÍA
Ni un minuto más sin alegría,
dijo quién ya no sabía reír.
SIN CADENAS
El amor sale solo a divertirse
para comprobar si es cierto.
RABIA
Yo solo fumo
para echar humo.
INQUIETUDES
Cuando sabemos lo de siempre
miramos hacia lo que cuesta saber.
UNO DE CIEN (o mil)
Donde no cabe un alma
hay almas que piden paso.
TUS OJOS
Mirarme fue un arte
que dominas todavía como nadie.
IDEAS
Construyo, y abandono a su suerte
mil pensamientos que ahí no me sirven.
POESÍA
De mis entrañas
huyen palabras hacia la luz.
FE CIEGA
Tu fe
mueve mi montaña.
SIEMPRE EN PRACTICAS
El amor hay que hacerlo a menudo
aunque ya esté convencido.
UNO DE DOS
Hay olores que no matan,
tiempo dedicado al desaliento,
hay días que solo saben esperar,
también, sin embargo,
disfraces que no contienen amargura.
Decir que detrás de la cortina
anida con sigilo el hada
que otorga los últimos deseos
es tarea de abnegado silencio,
tarea de depositada fe en la dicha,
también, sin embargo,
besos de enajenada, asustada, impotencia.
Hay malos días, malas noches,
que no dejan recuerdo,
hay árboles en los tejados, gatos
bajo la cama, hay luces
en los rincones, pero no es eso.
Eres necesario,
aunque tu mitad sea tarea mía.
Créelo.
(de "Dust in the wind")
tiempo dedicado al desaliento,
hay días que solo saben esperar,
también, sin embargo,
disfraces que no contienen amargura.
Decir que detrás de la cortina
anida con sigilo el hada
que otorga los últimos deseos
es tarea de abnegado silencio,
tarea de depositada fe en la dicha,
también, sin embargo,
besos de enajenada, asustada, impotencia.
Hay malos días, malas noches,
que no dejan recuerdo,
hay árboles en los tejados, gatos
bajo la cama, hay luces
en los rincones, pero no es eso.
Eres necesario,
aunque tu mitad sea tarea mía.
Créelo.
(de "Dust in the wind")
sábado, 12 de febrero de 2011
FEBRERO
Te juro que era verano
-yo no juro en vano-.
Sé que entró por la nostalgia
de un agosto consentido
lo que en frío no dice
la piel desnuda.
Lo sé por el sudor. Por las hojas,
la grandeza de tu sombra.
Fue cuando en la amplitud del tiempo,
y el lento descender a las orillas
de los mares, alcanza su ceniza
un fuego compartido.
Piensa que cuando estalló
tu silencio en palabras
no tuvo palabras.
Era verano. Recuerda.
Cuando no era todavía verano.
(de "Dust in the wind")
-yo no juro en vano-.
Sé que entró por la nostalgia
de un agosto consentido
lo que en frío no dice
la piel desnuda.
Lo sé por el sudor. Por las hojas,
la grandeza de tu sombra.
Fue cuando en la amplitud del tiempo,
y el lento descender a las orillas
de los mares, alcanza su ceniza
un fuego compartido.
Piensa que cuando estalló
tu silencio en palabras
no tuvo palabras.
Era verano. Recuerda.
Cuando no era todavía verano.
(de "Dust in the wind")
FALSOS POEMAS
Nada sé de mí hasta la nausea.
Si un río tiene cadenas
¿qué placer me ata a un río?.
Y no mienten placeres de carne y hueso.
Esos no. No los de siempre.
Mienten los que buscan errores
-falsos poemas-
y tal vez algún lugar donde pasar las noches.
Si un río tiene cadenas
¿qué placer me ata a un río?.
Y no mienten placeres de carne y hueso.
Esos no. No los de siempre.
Mienten los que buscan errores
-falsos poemas-
y tal vez algún lugar donde pasar las noches.
viernes, 11 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
NO TODO VALE
No se acepta la edad y ocurre lo que ocurre.
La belleza no es un eterno burro fuerte y obediente.
No sentirse mayor lo decide el espíritu, pero serlo
sin analisis profundo lo evidente.
Y no es que no se agradezca un regalo, entender que así
debe haber conexión entre tu mirada caliente
y tu cuerpo encendido, sino que muerde, para mí,
con fiereza un humano deseo al más sentido ridículo.
El ansia, que tendrás de moda, te viste sola
sin pensar que haya piel no preparada para lucirse.
En el otoño de los cuerpos las playas no están cerradas
pero ligeros de ropa es normal que pasen frío.
La belleza no es un eterno burro fuerte y obediente.
No sentirse mayor lo decide el espíritu, pero serlo
sin analisis profundo lo evidente.
Y no es que no se agradezca un regalo, entender que así
debe haber conexión entre tu mirada caliente
y tu cuerpo encendido, sino que muerde, para mí,
con fiereza un humano deseo al más sentido ridículo.
El ansia, que tendrás de moda, te viste sola
sin pensar que haya piel no preparada para lucirse.
En el otoño de los cuerpos las playas no están cerradas
pero ligeros de ropa es normal que pasen frío.
LA ESPERANZA DE SIEMPRE
Insistir en lo negro no lo aclararía nada.
Ni lograríamos ponerlo, creo, más negro.
Lo negativo está repintado de sobra de negro, aunque haya muchas más cosas que decir, más dramas que añadir, pero ¿de qué sirve?.
Andamos el túnel de otras veces, negro, negrísimo, y en un puntito de luz, lejos, lejísimos, ha de estar de nuevo la esperanza. Siempre está allí aunque tarde más que otras veces.
De culpables y sus nombres estamos hartos. No de vivir, ni de la vida que puede retomarse. Nosotros somos de los que sólo saben trabajar y eso haremos en cuanto nos den la primera oportunidad.
Tenemos nuestras preferencias políticas pero aunque ahora tengamos que unir fuerzas para votar lo más conveniente, haya uno o haya otros, los que han de producir, mover un país, siempre somos los mismos.
“Con el comunismo o el socialismo –a la derecha no hace falta mencionarla- el que cava las olivas siempre es el mismo”, he oído decir desde niño.
Salvo quejarnos, alzar la voz, protestar, gritar, nada podemos hacer que no sea esperar.
Estar expectantes, y esperar.
Ni lograríamos ponerlo, creo, más negro.
Lo negativo está repintado de sobra de negro, aunque haya muchas más cosas que decir, más dramas que añadir, pero ¿de qué sirve?.
Andamos el túnel de otras veces, negro, negrísimo, y en un puntito de luz, lejos, lejísimos, ha de estar de nuevo la esperanza. Siempre está allí aunque tarde más que otras veces.
De culpables y sus nombres estamos hartos. No de vivir, ni de la vida que puede retomarse. Nosotros somos de los que sólo saben trabajar y eso haremos en cuanto nos den la primera oportunidad.
Tenemos nuestras preferencias políticas pero aunque ahora tengamos que unir fuerzas para votar lo más conveniente, haya uno o haya otros, los que han de producir, mover un país, siempre somos los mismos.
“Con el comunismo o el socialismo –a la derecha no hace falta mencionarla- el que cava las olivas siempre es el mismo”, he oído decir desde niño.
Salvo quejarnos, alzar la voz, protestar, gritar, nada podemos hacer que no sea esperar.
Estar expectantes, y esperar.
domingo, 6 de febrero de 2011
SED DE MAR
Da igual el atuendo
si desnudo gano.
Sin decir
me llamo siempre por mi nombre,
haciendo
busco ser descubierto
con la fe a mi manera,
con las manos en la masa.
No hay insistencia
en lo cotidiano
y sí
en lo que no parece probable.
Sed de mar,
apetito a la vida que no se come.
si desnudo gano.
Sin decir
me llamo siempre por mi nombre,
haciendo
busco ser descubierto
con la fe a mi manera,
con las manos en la masa.
No hay insistencia
en lo cotidiano
y sí
en lo que no parece probable.
Sed de mar,
apetito a la vida que no se come.
SIN EMBARGO
Pese a tu difícil sentido,
amarte es
hacer cosas propias de la edad:
un despertar decidido
en otro amanecer sin memoria,
una espera abierta
tras las puertas cerradas.
Pese a tu lejanía cercana,
tenerte es
cruzar el río en otro tiempo
a recordar qué fuimos
alguna vez
en la luna del agua.
Nuestro mundo de lejos
nos construye una flor
y nos derruye una casa.
Significa sentir en tus ojos
tu aliento frío,
tus palabras nunca,
tu imagen siempre
de la última vez.
Pese a tu irreal certeza,
soñarte fue, es,
una luz, sin embargo.
(de "Dust in the wind")
amarte es
hacer cosas propias de la edad:
un despertar decidido
en otro amanecer sin memoria,
una espera abierta
tras las puertas cerradas.
Pese a tu lejanía cercana,
tenerte es
cruzar el río en otro tiempo
a recordar qué fuimos
alguna vez
en la luna del agua.
Nuestro mundo de lejos
nos construye una flor
y nos derruye una casa.
Significa sentir en tus ojos
tu aliento frío,
tus palabras nunca,
tu imagen siempre
de la última vez.
Pese a tu irreal certeza,
soñarte fue, es,
una luz, sin embargo.
(de "Dust in the wind")
LA LEY DEL MÁS FUERTE
Insisto en hacer lo que me gusta a pesar de los que no les gusta lo que hago.
Lo que escribo pienso y así lo digo.
Fuerte en mis preguntas y tímido ante las respuestas de la gente. A ella van dirigidas. Es lógica la incertidumbre del novato. Su humildad y baja guardia en un mundo nuevo y de tanta intriga interior, de tanta estatua sin nombre.
Es bonito porque abre una frontera a quién sólo busca ser, llamarse como se llama, o logre hacer.
Cada uno debería hacer lo mismo –ya sé que no es así-.
Y que la gente juzgue.
Lo que escribo pienso y así lo digo.
Fuerte en mis preguntas y tímido ante las respuestas de la gente. A ella van dirigidas. Es lógica la incertidumbre del novato. Su humildad y baja guardia en un mundo nuevo y de tanta intriga interior, de tanta estatua sin nombre.
Es bonito porque abre una frontera a quién sólo busca ser, llamarse como se llama, o logre hacer.
Cada uno debería hacer lo mismo –ya sé que no es así-.
Y que la gente juzgue.
sábado, 5 de febrero de 2011
SOBERBIA
Subiste a la excelsa y fría meseta
y te olvidaste de ellos:
nómadas del extenso llano.
Planea sobre demasiados
recuerdos de niña
tu mirada de pájaro
nuevo y libre.
Desde tu trono buscado
solo escuchas lo que importa
y sentencias inapelable
con capucha de verdugo.
Vecina del mundo lento
tu destino apunta alto.
Desfilan por ti las dolencias
de quienes no tienen cara
ni nombre.
De otros visos,
otras fiestas,
solo el dolor de la sangre
te acerca inabordable
a la pulcritud de las chabolas.
(de "Borrón y cuenta ajena", 2008)
y te olvidaste de ellos:
nómadas del extenso llano.
Planea sobre demasiados
recuerdos de niña
tu mirada de pájaro
nuevo y libre.
Desde tu trono buscado
solo escuchas lo que importa
y sentencias inapelable
con capucha de verdugo.
Vecina del mundo lento
tu destino apunta alto.
Desfilan por ti las dolencias
de quienes no tienen cara
ni nombre.
De otros visos,
otras fiestas,
solo el dolor de la sangre
te acerca inabordable
a la pulcritud de las chabolas.
(de "Borrón y cuenta ajena", 2008)
LA CIUDAD SOLA
El deseo y el corazón difícilmente van de la mano.
Lo que se quiere y lo se debe están a menudo enfrentados y con la vista puesta en distinta dirección.
El buscar afuera la ganga que ni tan siquiera intentamos cotejar dentro, el seguir beneficiando el comercio exterior en detrimento del nuestro es tirar piedras y más piedras para arriba a sabiendas que alguna, antes o después, nos caerá en la cabeza. Eso lo sabemos todos.
También que un problema enraizado, fosilizado, por el que durante años y años nadie ha hecho nada por remediarlo se agudiza en tiempos de crisis. El no haber apostado por crecer, por otro tipo de industria, nos deja solo con la ruina de la que hay, y la del resto porque dependía cien por cien de ella.
Aquí sólo se apostó por que el trabajo creaba riqueza, y no porque las nuevas ideas crearan trabajo.
Ahora se llora y se aboga por lo que nunca, abiertamente, ha importado. Crear un vicio, una costumbre, es fácil y erradicarlo, atraer a la gente, tarea de muchos, y unidos, algo que, ni así, hay.
El estar apanados, el haberse apañado siempre con lo que había -mucho para todos- deja ahora el haber de apañarse con lo que queda –poco para casi nadie- . Perdonen si con esta trillada evidencia local sólo busco palabras difíciles de tragar.
La gente llama a la gente. Es así aunque nos de rabia. Y mucha gente, unos gastando más y otros menos, siembran riqueza, ilusión, ánimo de seguir adelante.
La soledad, en cambio, provoca frío.
Lo que se quiere y lo se debe están a menudo enfrentados y con la vista puesta en distinta dirección.
El buscar afuera la ganga que ni tan siquiera intentamos cotejar dentro, el seguir beneficiando el comercio exterior en detrimento del nuestro es tirar piedras y más piedras para arriba a sabiendas que alguna, antes o después, nos caerá en la cabeza. Eso lo sabemos todos.
También que un problema enraizado, fosilizado, por el que durante años y años nadie ha hecho nada por remediarlo se agudiza en tiempos de crisis. El no haber apostado por crecer, por otro tipo de industria, nos deja solo con la ruina de la que hay, y la del resto porque dependía cien por cien de ella.
Aquí sólo se apostó por que el trabajo creaba riqueza, y no porque las nuevas ideas crearan trabajo.
Ahora se llora y se aboga por lo que nunca, abiertamente, ha importado. Crear un vicio, una costumbre, es fácil y erradicarlo, atraer a la gente, tarea de muchos, y unidos, algo que, ni así, hay.
El estar apanados, el haberse apañado siempre con lo que había -mucho para todos- deja ahora el haber de apañarse con lo que queda –poco para casi nadie- . Perdonen si con esta trillada evidencia local sólo busco palabras difíciles de tragar.
La gente llama a la gente. Es así aunque nos de rabia. Y mucha gente, unos gastando más y otros menos, siembran riqueza, ilusión, ánimo de seguir adelante.
La soledad, en cambio, provoca frío.
martes, 1 de febrero de 2011
JUICIO PREVIO
Hay costumbre en las aldeas, los pueblos, las ciudades pequeñas -la mía-, quizá porque no es nada conveniente que demasiada gente se conozca tanto, de matar al villano de cualquier triste historia sin ningún juicio previo.
Villano que ya no es el cacique de siempre, malo sólo por excelencia, sino aquel inimaginable que provoca exclamaciones tales como: “Noooo me digas”, “Virgen Santísima, eeeese”, “Me lo estás contando, hija, y noooo me lo creo”, “Jesús, jesús, jesús”.
Inimaginables, tratados hasta el mismo instante de su desvelamiento, como amigos del alma, vecinos de toda la vida, o gentes que, conocidas y no del todo, eran dignas de toda confianza.
Desatada la tormenta, bien acomodado el fulano en la boca de sus ojos, en los cuchicheos a su sombra, en su despelleje a lo vivo, en sus cuchilladas a ciegas, sólo les quedará, pasado un tiempo, recoger la ceniza de sus huesos.
Es así.
Los rumores suelen dispararse al corazón del culpable con balas de verdad para, luego, y solo si procede, ir reparando en lo posible la herida al inocente, eso sí, entonando el mea culpa: “Y yo qué sé, yo como iba a pensar…, si a mí me lo dijo…”, aunque siempre recalcando aquello de: “pero que si el río suena…”.
Salsa rosa, desde que el mundo es mundo.
Y un dicho que repiten a menudo y como una oración al santo que más profesan todos los que no pudieron evitar sus garras: “Antes te arrolle un tren que una lengua sucia”.
Villano que ya no es el cacique de siempre, malo sólo por excelencia, sino aquel inimaginable que provoca exclamaciones tales como: “Noooo me digas”, “Virgen Santísima, eeeese”, “Me lo estás contando, hija, y noooo me lo creo”, “Jesús, jesús, jesús”.
Inimaginables, tratados hasta el mismo instante de su desvelamiento, como amigos del alma, vecinos de toda la vida, o gentes que, conocidas y no del todo, eran dignas de toda confianza.
Desatada la tormenta, bien acomodado el fulano en la boca de sus ojos, en los cuchicheos a su sombra, en su despelleje a lo vivo, en sus cuchilladas a ciegas, sólo les quedará, pasado un tiempo, recoger la ceniza de sus huesos.
Es así.
Los rumores suelen dispararse al corazón del culpable con balas de verdad para, luego, y solo si procede, ir reparando en lo posible la herida al inocente, eso sí, entonando el mea culpa: “Y yo qué sé, yo como iba a pensar…, si a mí me lo dijo…”, aunque siempre recalcando aquello de: “pero que si el río suena…”.
Salsa rosa, desde que el mundo es mundo.
Y un dicho que repiten a menudo y como una oración al santo que más profesan todos los que no pudieron evitar sus garras: “Antes te arrolle un tren que una lengua sucia”.
domingo, 30 de enero de 2011
DE SECRETOS
De tantos como hablan
alguno acabará de decir
para su propio deleite:
“Lo que te acabo de contarte es un secreto
y no se lo digas a nadie”.
Por si hay alguien que aún no lo sepa.
Yo los entiendo.
Un secreto es un muro de silencio
que acumula voces que sisean
hasta la última palabra de lo que pasa
a otras voces que van y vienen.
Se cuentan secretos al mundo
para probar su confianza,
a amigos tan prudentes como uno mismo
que sólo lo cuentan pero sin pensar
y solo a otro que no lo va a decir.
Andan los secretos con suelas sucias
y lenguas crecidas, cargados de rimel
y labios muy pintados, también
con olor a bar y tabaco –ya menos-,
para llamar la atención,
secretos de toda la vida
que sólo se cuentan en secreto,
que saltan de mundo íntimo a mundo
íntimo, y a nadie ajeno.
Para eso son secretos.
Yo, no hace mucho, conté el último
cuando ya me quemaba dentro.
alguno acabará de decir
para su propio deleite:
“Lo que te acabo de contarte es un secreto
y no se lo digas a nadie”.
Por si hay alguien que aún no lo sepa.
Yo los entiendo.
Un secreto es un muro de silencio
que acumula voces que sisean
hasta la última palabra de lo que pasa
a otras voces que van y vienen.
Se cuentan secretos al mundo
para probar su confianza,
a amigos tan prudentes como uno mismo
que sólo lo cuentan pero sin pensar
y solo a otro que no lo va a decir.
Andan los secretos con suelas sucias
y lenguas crecidas, cargados de rimel
y labios muy pintados, también
con olor a bar y tabaco –ya menos-,
para llamar la atención,
secretos de toda la vida
que sólo se cuentan en secreto,
que saltan de mundo íntimo a mundo
íntimo, y a nadie ajeno.
Para eso son secretos.
Yo, no hace mucho, conté el último
cuando ya me quemaba dentro.
sábado, 29 de enero de 2011
APARIENCIA
Todo es cierto la primera vez,
luego sólo pasa repetido.
Hay más verdades que mentiras
en hacer lo que conviene
porque no suele mentir quién quiere
a lo que es
aunque diga lo que diga.
El interior es un imperio
de convicciones absolutas,
errado o no,
mientras que afuera se adentra
en lo separado,
en la parte siempre insatisfecha:
piezas que nunca encajan
en los sueños del presente.
Todo vive en lo oscuro
y sólo vuelve a ser lo descubierto.
Parcial esencia aquí del otro lado.
Sólo hay ojos que ven como somos.
No existe un cristal que sepa mirarnos.
(de "Dust in the wind")
luego sólo pasa repetido.
Hay más verdades que mentiras
en hacer lo que conviene
porque no suele mentir quién quiere
a lo que es
aunque diga lo que diga.
El interior es un imperio
de convicciones absolutas,
errado o no,
mientras que afuera se adentra
en lo separado,
en la parte siempre insatisfecha:
piezas que nunca encajan
en los sueños del presente.
Todo vive en lo oscuro
y sólo vuelve a ser lo descubierto.
Parcial esencia aquí del otro lado.
Sólo hay ojos que ven como somos.
No existe un cristal que sepa mirarnos.
(de "Dust in the wind")
DOBLE PLACER
Somos el día que nos separa,
la tarde que nos acerca,
la noche que nos une,
somos nuestros
y del mundo
al igual que las palabras.
Deja un sufrimiento íntimo
el placer cotidiano,
es un amor sin futuro
el amor a la vida
que deja amantes fatigados
que sueñan volver a casa.
Doble torrente aterciopelado:
las estrellas
y el cielo de tu cuerpo,
el crecer entre las cosas
y el volver para contarlo,
toda mi vida en mis manos
y toda mi vida en tus manos.
(de "Dust in the wind")
la tarde que nos acerca,
la noche que nos une,
somos nuestros
y del mundo
al igual que las palabras.
Deja un sufrimiento íntimo
el placer cotidiano,
es un amor sin futuro
el amor a la vida
que deja amantes fatigados
que sueñan volver a casa.
Doble torrente aterciopelado:
las estrellas
y el cielo de tu cuerpo,
el crecer entre las cosas
y el volver para contarlo,
toda mi vida en mis manos
y toda mi vida en tus manos.
(de "Dust in the wind")
viernes, 28 de enero de 2011
TOCO MADERA
Acabo de recibir una carta con mi vida laboral. No debería quejarme si a mis cincuenta y tres ya tengo cotizados casi treinta y tres años.
Cerrado el acuerdo (o pantomima, aunque necesaria) gobierno-sindicatos en la edad tope con que debemos jubilarnos les queda la satisfacción de los Méndez y Toxo de haber rebajado en algo de tiempo la cotización que exigía el gobierno: treinta y ocho años y medio para una jubilación con el cien por cien a los sesenta y cinco años.
Los cinco años y medio que me quedan no parecen problema en mi caso visto el camino andado aunque nunca se sabe –toco madera-.
Y podría haber sido mejor si de mis catorce a mis veinte años las empresas en las que estuve me hubiesen dado de alta, pero en esa época tanto en la cerámica como en la construcción la mayoría sólo firmábamos un papel en blanco, imagino que para asegurarnos a toda prisa sólo si ocurría algo.
En fin, casi toda una vida trabajando, pagando impuestos cada mes, para lograr tras un pequeño sprint –toco madera-, jubilarme con la edad de siempre, o anticipada, y así poder cobrar unos cuantos años hasta… -vuelvo a tocar madera-.
Muchos de mi generación y de algunas anteriores podrán decir lo mismo.
En cambio en las nuevas generaciones difícilmente logrará alguien acumular tamaña cifra.
Con toda seguridad nadie.
Eran otros tiempos.
Cerrado el acuerdo (o pantomima, aunque necesaria) gobierno-sindicatos en la edad tope con que debemos jubilarnos les queda la satisfacción de los Méndez y Toxo de haber rebajado en algo de tiempo la cotización que exigía el gobierno: treinta y ocho años y medio para una jubilación con el cien por cien a los sesenta y cinco años.
Los cinco años y medio que me quedan no parecen problema en mi caso visto el camino andado aunque nunca se sabe –toco madera-.
Y podría haber sido mejor si de mis catorce a mis veinte años las empresas en las que estuve me hubiesen dado de alta, pero en esa época tanto en la cerámica como en la construcción la mayoría sólo firmábamos un papel en blanco, imagino que para asegurarnos a toda prisa sólo si ocurría algo.
En fin, casi toda una vida trabajando, pagando impuestos cada mes, para lograr tras un pequeño sprint –toco madera-, jubilarme con la edad de siempre, o anticipada, y así poder cobrar unos cuantos años hasta… -vuelvo a tocar madera-.
Muchos de mi generación y de algunas anteriores podrán decir lo mismo.
En cambio en las nuevas generaciones difícilmente logrará alguien acumular tamaña cifra.
Con toda seguridad nadie.
Eran otros tiempos.
miércoles, 26 de enero de 2011
RELATO: La mirada en el espejo
- Hola Javi
Es Javi, no puedo creerlo
- ¡Diana, hostia, cuanto tiempo!
Cinco años y no ha cambiado nada éste chulito que me tuvo idiota un tiempo, y yo, que he salido al súper a toda prisa, hecha un adefesio.
- ¿Que tal, cómo te encuentras?, no has cambiado, chico - le digo siguiendo la broma con alegría; es cierta, de corazón
- Soy el mismo de ayer, ¿ya no te acuerdas? - me suelta así, sin pensar, rompiendo el hechizo, con un poco de sorna y me sienta como una pedrada pero me rehago porque le conozco y para qué
- El mismo, el mismo, tú siempre el mismo, tonto - le recrimino
Se calla, siempre lo hace y me revienta, yo soy guerrera y necesito que me respondan para crecerme y desahogarme, con él no, él se calla y sonríe, quizá porque me conoce y es su manera de atacarme.
- ¿Quieres un café? - me dice al fin como siempre.
“Un café, un café, estallo para mí, pues claro que quiero un café”.
- ¿Un café? - le digo - ¿Y el súper?
- - Hay tiempo, Diana, son las nueve, tienes todo el día
Le sigo. Me gusta ir detrás de él sorteando a la gente y así fijarme a conciencia en todos sus defectos y alguna virtud que aún percibo. El tiempo marca y yo tampoco he podido frenarlo aunque me cuido lo que puedo; tengo tiempo y ganas pero a veces me aburro porque es imposible camuflar la vejez moviendo las arrugas de un lado para otro. A él, a lo mejor, le pasa lo mismo y es por eso que va tan desaliñado. Entra en Los Arcos sin girarse dando por hecho que le sigo y busca la mesa de la ventana. Una señora gorda y frente a ella una señora enclenque pero bien erguida nos obligan a sentarnos tierra adentro donde no nos gusta pero qué remedio.
El bar de Isidro está sujeto al tiempo con unas pinzas, sonrío al pensar que como nosotros, con el entrañable encanto de lo antiguo, en otro tiempo, recuerdo de niña, espectacular, innovador, a años luz de aquellas tabernas. Tomó fama y sigue agarrado a ella aunque eso ya a nadie le importa. A mí me gusta así pero reconozco que está demasiado antiguo y abandonado, que hay que tener un cuidado enorme de no tropezar en los trancos de las baldosas, de no cortarse con el zócalo de azulejos. Están hechos trizas, mal rematadas sus faltas con cemento o silicona, sin hablar del estado de la vajilla y los cubiertos y lo obligado, quién lo sabe, de revisar lo que se come por si se ha colado alguna visitilla.
No nos hemos acomodado y Isidro coloca los cafés sobre la mesa. Uno sólo y el otro, para mí, con unas gotas de leche. Nos saluda con la mirada y se marcha. No es muy hablador, tampoco Javi que hoy parece estar en Babia.
- ¿Cómo están los chicos? - le digo para romper este silencio tonto
- Gordos, gordos - responde sin mirarme
Creo que está fijo en la gorda, sé que siempre le han gustado así, quizá no tan gordas.
- Ayer parió María, ¿te lo dije?, tuvo tres, no sé qué hacer con ellos.
- ¡Matarlos no! - le suplico - yo hablaré con Laura o con Luisa, ya les buscaré acomodo, tú déjame a mí, pero matarlos ni se te ocurra
- Vale, vale, mujer, ya sabes que de eso no soy capaz
Ahora me mira y sonríe, yo, en cambio, le miro con gesto agrio aunque sonrío por dentro.
- Eres la hostia, Diana, no sé qué coño hago aquí contigo
- ¡Qué harías tú sin mí! - le digo sabiendo bien lo que digo
- Vivir, que no me dejas
No le cambio el gesto porque no se merece otro, “vivir, que no me dejas”, como si lo tuviese atado, claro, él quisiera estar floreando con las que yo me sé, hoy en una, mañana en otra y yo para los ratos muertos, y para eso no he quedado, ahora que se aguante que ya tuvo aquellos cinco años para hacer lo que le dio la gana.
Le miro a los ojos y está ausente, con toda seguridad desnudando a la gorda, no hay quién me lo quite de la cabeza y lo que es peor - lo confirmo al girarme - que la gorda parece acompañarle mientras la enclenque está ocupada devorando un buen plato de churros mojados en una gran taza de chocolate, espero que con la compañía de alguna cucaracha bien criadita.
- Se te enfría el café, Javi - le hago este inciso por si cae la breva y lo traigo de vuelta, y me mira que ya es algo
- Está hirviendo, Diana
- Y eso de ayer - digo tensando el hilo - lo del estómago, ¿estás bien?
- ¿Lo de qué? - responde preguntándome con cara de tonto
- Ayer dijiste que te dolía el estómago - le digo poniendo un tono seco como molesto
- No, mujer – sonríe - sólo eran unos pinchazos
No tengo más remedio que reírme y le digo:
- ¡Ah!, pero eso te pasa porque tienes el cuerpo loco, yo voy todas las mañanas recién levantada y no tengo problemas hasta el día siguiente, ni me preocupo, ¿sabes?, deberías tomar canela que es fenomenal para la diarrea
- Pero, Diana, si no tengo diarrea
Bueno, bueno, misión cumplida, me digo porque oigo a la gorda llamar a Isidro pidiéndole la cuenta. De nuevo Javi se me disloca viéndola levantarse. Reconozco que la buena señora, a pesar de su obesidad, no está mal del todo y bien que lo aprieta. La enclenque se bambolea tiesa como un junco con gestos precisos y ataviada con multitud de adornos como una gárgola . Ésta, así, con esa lisura, no le interesa a nadie, ni siquiera a Isidro que siempre ha sido un salidillo. A mí, en mis buenos tiempos, intentó tirarme los tejos pero ya no, mis setenta largos no perdonan, pero ni a él y no digamos a Javi, y ahí sigue, con el cuello descoyuntado, animoso, como enfebrecido. No entenderé nunca a los hombres. Alientan un mundo paralelo, pleno de potencia y fantasía, y que a la hora de la verdad no aparece nunca, al menos yo no lo he visto, ni en Javi, que aquel rollito que tuvimos sobre los treinta no fue para tirar cohetes. Después, no sé, tampoco le he dejado ni él, que yo recuerde, me lo ha pedido.
Isidro ha limpiado la mesa de la ventana y sin pensarlo nos cambiamos. ¿Qué importa si en el bar no hay nadie?. Es nuestro sitio y lo noto al sentarme, yo a la derecha y él siempre a la izquierda. Vuelvo a mirar el bullicio en la calle a mi derecha a través del cristal rallado y regreso a la oscuridad del interior a mirar a Javi a los ojos. Ésta silla guarda retazos de buena parte de mi vida, ¡he vivido tanto sentada en ella!. Isidro gruñe limpiando la otra mesa y vuelve a sentarse en un extremo de la barra. Doy el primer sorbo al café y le noto raro, parece que la leche tiene más de cuatro días, suerte que es poca. El próximo lo pediré sólo, siempre me digo. Javi me mira con fijeza.
- ¿Qué? - le pregunto por si quiere algo
- No, nada - responde mirando ahora al infinito
- A mi amiga Maruchi le ha dicho el médico que tiene cáncer, me llamó anoche - le digo por decir algo - figúrate, a los ochenta años
- ¿Qué vas a comprar? - me responde sonriendo
- No sé, algo de fruta y comida para Misi
- ¿Cómo está? - me pregunta con la pasión de siempre
Casi se me saltan las lágrimas de acordarme de ella y le respondo:
- Hace compañía, que no es poco.
Vuelvo afuera. Hace un día precioso y la gente camina muy deprisa. El mundo va demasiado deprisa. A nosotros hace tiempo que se nos acabó la prisa, y a Isidro, y a esta cafetería que ha logrado lo imposible que es detener el tiempo. La vorágine de los días aquí no tienen sentido y por eso nos gusta, por eso pasamos dos horas largas con el café de la mañana y de la tarde, los tres, salvo algún despistado como la gorda o esa señora enclenque y tan tiesa.
Tenemos que irnos, son más de las once y espera el súper y la comida a Misi. Nos despedimos de Isidro con un gesto y noto la cálida mano de Javi en mi hombro. Abro la puerta y aumenta el sonido del zapateo de la gente y el runrún de los coches, la luz de esta hermosa mañana.
- ¿Y tú, adonde vas? - le pregunto
- A la ferretería, necesito unos clavos y alambre para arreglar una jaula para un canario
- ¿Tienes un canario? - le grito con enfado - ¡pero, hombre, cómo no me lo has dicho!.
- No lo tengo todavía, Diana, lo trae mi primo de Córdoba que viene a visitarme este fin de semana, por cierto, será el domingo y quiero que comas con nosotros
- Ya, como siempre, la cocinera
Él sonríe y se aleja, yo sigo mirándole hasta que dobla la esquina y no puedo evitar emocionarme.
(de "En cierto sentido", 2008)
Es Javi, no puedo creerlo
- ¡Diana, hostia, cuanto tiempo!
Cinco años y no ha cambiado nada éste chulito que me tuvo idiota un tiempo, y yo, que he salido al súper a toda prisa, hecha un adefesio.
- ¿Que tal, cómo te encuentras?, no has cambiado, chico - le digo siguiendo la broma con alegría; es cierta, de corazón
- Soy el mismo de ayer, ¿ya no te acuerdas? - me suelta así, sin pensar, rompiendo el hechizo, con un poco de sorna y me sienta como una pedrada pero me rehago porque le conozco y para qué
- El mismo, el mismo, tú siempre el mismo, tonto - le recrimino
Se calla, siempre lo hace y me revienta, yo soy guerrera y necesito que me respondan para crecerme y desahogarme, con él no, él se calla y sonríe, quizá porque me conoce y es su manera de atacarme.
- ¿Quieres un café? - me dice al fin como siempre.
“Un café, un café, estallo para mí, pues claro que quiero un café”.
- ¿Un café? - le digo - ¿Y el súper?
- - Hay tiempo, Diana, son las nueve, tienes todo el día
Le sigo. Me gusta ir detrás de él sorteando a la gente y así fijarme a conciencia en todos sus defectos y alguna virtud que aún percibo. El tiempo marca y yo tampoco he podido frenarlo aunque me cuido lo que puedo; tengo tiempo y ganas pero a veces me aburro porque es imposible camuflar la vejez moviendo las arrugas de un lado para otro. A él, a lo mejor, le pasa lo mismo y es por eso que va tan desaliñado. Entra en Los Arcos sin girarse dando por hecho que le sigo y busca la mesa de la ventana. Una señora gorda y frente a ella una señora enclenque pero bien erguida nos obligan a sentarnos tierra adentro donde no nos gusta pero qué remedio.
El bar de Isidro está sujeto al tiempo con unas pinzas, sonrío al pensar que como nosotros, con el entrañable encanto de lo antiguo, en otro tiempo, recuerdo de niña, espectacular, innovador, a años luz de aquellas tabernas. Tomó fama y sigue agarrado a ella aunque eso ya a nadie le importa. A mí me gusta así pero reconozco que está demasiado antiguo y abandonado, que hay que tener un cuidado enorme de no tropezar en los trancos de las baldosas, de no cortarse con el zócalo de azulejos. Están hechos trizas, mal rematadas sus faltas con cemento o silicona, sin hablar del estado de la vajilla y los cubiertos y lo obligado, quién lo sabe, de revisar lo que se come por si se ha colado alguna visitilla.
No nos hemos acomodado y Isidro coloca los cafés sobre la mesa. Uno sólo y el otro, para mí, con unas gotas de leche. Nos saluda con la mirada y se marcha. No es muy hablador, tampoco Javi que hoy parece estar en Babia.
- ¿Cómo están los chicos? - le digo para romper este silencio tonto
- Gordos, gordos - responde sin mirarme
Creo que está fijo en la gorda, sé que siempre le han gustado así, quizá no tan gordas.
- Ayer parió María, ¿te lo dije?, tuvo tres, no sé qué hacer con ellos.
- ¡Matarlos no! - le suplico - yo hablaré con Laura o con Luisa, ya les buscaré acomodo, tú déjame a mí, pero matarlos ni se te ocurra
- Vale, vale, mujer, ya sabes que de eso no soy capaz
Ahora me mira y sonríe, yo, en cambio, le miro con gesto agrio aunque sonrío por dentro.
- Eres la hostia, Diana, no sé qué coño hago aquí contigo
- ¡Qué harías tú sin mí! - le digo sabiendo bien lo que digo
- Vivir, que no me dejas
No le cambio el gesto porque no se merece otro, “vivir, que no me dejas”, como si lo tuviese atado, claro, él quisiera estar floreando con las que yo me sé, hoy en una, mañana en otra y yo para los ratos muertos, y para eso no he quedado, ahora que se aguante que ya tuvo aquellos cinco años para hacer lo que le dio la gana.
Le miro a los ojos y está ausente, con toda seguridad desnudando a la gorda, no hay quién me lo quite de la cabeza y lo que es peor - lo confirmo al girarme - que la gorda parece acompañarle mientras la enclenque está ocupada devorando un buen plato de churros mojados en una gran taza de chocolate, espero que con la compañía de alguna cucaracha bien criadita.
- Se te enfría el café, Javi - le hago este inciso por si cae la breva y lo traigo de vuelta, y me mira que ya es algo
- Está hirviendo, Diana
- Y eso de ayer - digo tensando el hilo - lo del estómago, ¿estás bien?
- ¿Lo de qué? - responde preguntándome con cara de tonto
- Ayer dijiste que te dolía el estómago - le digo poniendo un tono seco como molesto
- No, mujer – sonríe - sólo eran unos pinchazos
No tengo más remedio que reírme y le digo:
- ¡Ah!, pero eso te pasa porque tienes el cuerpo loco, yo voy todas las mañanas recién levantada y no tengo problemas hasta el día siguiente, ni me preocupo, ¿sabes?, deberías tomar canela que es fenomenal para la diarrea
- Pero, Diana, si no tengo diarrea
Bueno, bueno, misión cumplida, me digo porque oigo a la gorda llamar a Isidro pidiéndole la cuenta. De nuevo Javi se me disloca viéndola levantarse. Reconozco que la buena señora, a pesar de su obesidad, no está mal del todo y bien que lo aprieta. La enclenque se bambolea tiesa como un junco con gestos precisos y ataviada con multitud de adornos como una gárgola . Ésta, así, con esa lisura, no le interesa a nadie, ni siquiera a Isidro que siempre ha sido un salidillo. A mí, en mis buenos tiempos, intentó tirarme los tejos pero ya no, mis setenta largos no perdonan, pero ni a él y no digamos a Javi, y ahí sigue, con el cuello descoyuntado, animoso, como enfebrecido. No entenderé nunca a los hombres. Alientan un mundo paralelo, pleno de potencia y fantasía, y que a la hora de la verdad no aparece nunca, al menos yo no lo he visto, ni en Javi, que aquel rollito que tuvimos sobre los treinta no fue para tirar cohetes. Después, no sé, tampoco le he dejado ni él, que yo recuerde, me lo ha pedido.
Isidro ha limpiado la mesa de la ventana y sin pensarlo nos cambiamos. ¿Qué importa si en el bar no hay nadie?. Es nuestro sitio y lo noto al sentarme, yo a la derecha y él siempre a la izquierda. Vuelvo a mirar el bullicio en la calle a mi derecha a través del cristal rallado y regreso a la oscuridad del interior a mirar a Javi a los ojos. Ésta silla guarda retazos de buena parte de mi vida, ¡he vivido tanto sentada en ella!. Isidro gruñe limpiando la otra mesa y vuelve a sentarse en un extremo de la barra. Doy el primer sorbo al café y le noto raro, parece que la leche tiene más de cuatro días, suerte que es poca. El próximo lo pediré sólo, siempre me digo. Javi me mira con fijeza.
- ¿Qué? - le pregunto por si quiere algo
- No, nada - responde mirando ahora al infinito
- A mi amiga Maruchi le ha dicho el médico que tiene cáncer, me llamó anoche - le digo por decir algo - figúrate, a los ochenta años
- ¿Qué vas a comprar? - me responde sonriendo
- No sé, algo de fruta y comida para Misi
- ¿Cómo está? - me pregunta con la pasión de siempre
Casi se me saltan las lágrimas de acordarme de ella y le respondo:
- Hace compañía, que no es poco.
Vuelvo afuera. Hace un día precioso y la gente camina muy deprisa. El mundo va demasiado deprisa. A nosotros hace tiempo que se nos acabó la prisa, y a Isidro, y a esta cafetería que ha logrado lo imposible que es detener el tiempo. La vorágine de los días aquí no tienen sentido y por eso nos gusta, por eso pasamos dos horas largas con el café de la mañana y de la tarde, los tres, salvo algún despistado como la gorda o esa señora enclenque y tan tiesa.
Tenemos que irnos, son más de las once y espera el súper y la comida a Misi. Nos despedimos de Isidro con un gesto y noto la cálida mano de Javi en mi hombro. Abro la puerta y aumenta el sonido del zapateo de la gente y el runrún de los coches, la luz de esta hermosa mañana.
- ¿Y tú, adonde vas? - le pregunto
- A la ferretería, necesito unos clavos y alambre para arreglar una jaula para un canario
- ¿Tienes un canario? - le grito con enfado - ¡pero, hombre, cómo no me lo has dicho!.
- No lo tengo todavía, Diana, lo trae mi primo de Córdoba que viene a visitarme este fin de semana, por cierto, será el domingo y quiero que comas con nosotros
- Ya, como siempre, la cocinera
Él sonríe y se aleja, yo sigo mirándole hasta que dobla la esquina y no puedo evitar emocionarme.
(de "En cierto sentido", 2008)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












