Archivé obras para no verlas más, y su silencio fue mi libertad.
De mis obras escucho el corazón, su pensamiento, hay complicidad en la gloria, la falta, como sombras y luces que nos cuidan el rostro, y ellas y yo sabemos de ausencia, jamás de olvido.
Pero en alguna, por una grieta, un diente, una mancha, un pelo en el acabado, un querer más de lo que se da, se desvincula de ella “el bicho que le picó al tren”, y íntimamente se da deshaciendo mi sangre,
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