De chimeneas arde el hombre a ser llama, brasa, ceniza, en todas sus incineraciones.
Fuentes de luz incompleta acunan al árbol que desmochan para la hora tranquila, la tertulia o el abrazo de vino. Corazones de grito ahogado, que viven para morir despacio a la sombra de todo el humo del mundo.
Su belleza no es la certeza, sin embargo, provocan, en los arrabales del murmullo, el avivar el arqueo de gestos en todas las comparaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario