Andar es como un niño que duerme. Tiene nombre si lo llaman o busca distancias sin rostro. Igual hace preguntas en su lengua que silencios de una hora. Andar busca lo mismo de siempre por crepúsculos de la calle y el fracaso le trae de vuelta. No obedece a ninguna parte la sangre que fluye. Ni ata cabos. Cansa al revés de lo hecho. El azúcar esquiva al día, que no come.
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